El Amor, desde mi ventana (I)


Love is a flower you’ve got to let it grow
John Lennon, Mind Games

I. A modo de prólogo

Escribo con un ventanal abierto desde el que se ve la puesta de sol, lejos, más allá de las montañas y de la ciudad. Siempre me pareció muy importante el entorno y la hora de hacerlo. Por la tarde, con las últimas luces, en ese momento en el que parece que el día se resiste a marcharse y la noche en aparecer, es cuando más inspirado me siento a quitarme la ropa emocional, a saltar en cueros vivos fuera y a escribir desde las entrañas. Más o menos como todas las veces que he escrito algo. Escribir es sentir, implicarse. Errar. Sufrir o gozar. Incluso todas esas cosas a un tiempo. O lo veo así.

Y no es para menos, porque lo que pienso contar es mi propia visión del Amor. De un Amor que no se limita (o al menos, yo no quiero hacerlo) sólo a las relaciones de pareja, sino que abarca el Todo. Desde el sentimiento filial al amor físico, pasando por todos los grados intermedios de amistad, e incluso el que se siente por el desconocido o el que no puede, no sabe o no quiere valorarlo o aceptarlo. Desde esa totalidad lo quiero enfocar, y compartir, esperando que esta visión mía, subjetiva (como todas las opiniones que pueden verterse sobre algo tan difícil de medir e interpretar) pueda serviros también como modo de expresión o de reflexión. Tal vez, para conocernos todos un poco mejor.

El Sol se marcha. La sensación que a uno le queda es de ausencia, como si un viejo conocido dijera adiós, aun sabiendo que regresará a la mañana siguiente para seguir iluminando y hacer nuestra vida más fácil. O difícil, según el momento y la situación, porque dependiendo de la circunstancia puede calentarnos o abrasarnos, hasta provocarnos heridas en la piel, en función de nuestro grado de exposición y de nuestra preparación previa.

Hablar del Amor.

Hace no tanto tiempo ni siquiera me hubiese atrevido a hacer algo semejante. De él han hablado millones de personas desde la noche de los tiempos, desde que nos dimos cuenta de que sólo somos monos con mucha soberbia. Unos, con verdadera pasión. Otros, desde la desesperación, el dolor o la angustia. Los menos, como algo trascendente, de unión con Dios o con la causa última que nos mueve y nos da aliento, le pongamos un nombre u otro. Lo veía como algo ajeno, excesivo. Incluso pretencioso. Desconocido, seguramente, y aun hoy no estoy completamente convencido. Pero después de mucho camino andado y de compartirlo con muchas personas me doy cuenta de que cualquiera puede hablar de él, sin que sea necesario más requisito que haberlo sentido o experimentado alguna vez. Para esto no hacen falta cátedras ni letras, y el clochard de la esquina puede enseñarnos mucho más que el mitrado o el togado. Si sabemos verlo. Y quiero ser capaz algún día de hacerlo.

Enciendo un cigarro y pienso cómo puedo ordenar todo esto. Me permito estos vicios, a falta de otros, porque me ayudan a reflexionar. Los últimos tiempos no me dan para demasiada poesía, pero si me he sentado a escribir ha sido por algo. Más que por la decepción que haya podido sentir, o por el espanto que movió a Borges, como vehículo de expresión y de crecimiento. De ese niño que se hace menos niño con cada herida en las rodillas. Y también como muestra de reconocimiento a todas esas personas que han permanecido o que he descubierto en el camino. Han sido muchas, y os doy a todos las gracias. De corazón.

El Amor es, probablemente, la única ciencia que no necesita escuela. Pero sí mentalidad de discípulo. Y vocación de artesano.

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2 respuestas a El Amor, desde mi ventana (I)

  1. Tortuga dijo:

    Hola “Salitre y Tormenta”, me han pasado este blog y me ha parecido muy interesante, por los temas que tratas y por tu forma de contarlos, así que he decidido ir leyéndome entradas poco a poco e ir dándote mi opinión sobre cada una.

    Estoy de acuerdo contigo en que el amor no se limita solo a las relaciones de pareja y que hay más allá, incluso no tiene porque ser solo dedicado a personas, puede ser a mascotas, música, pintura.. Algo subjetivo, puede que no sea el mismo tipo de amor pero al fin y al cabo no hay una definición clara del mismo.

    Al mismo tiempo hay una idea que me ha estado rondando últimamente y que no sé si es a raíz de estragos sufridos del propio amor o si simplemente una parte de mi mente se está dejando llevar por “el lado oscuro”, y esta idea es ver el amor como una enfermedad, una dependencia. Una enfermedad positiva, o al menos quiero creer eso ya que por mis propias experiencias no cambio esa enfermedad por nada y si existe cura, a mi que no me vacunen. Pero sí, queremos estar ligados a alguien, dependemos de la gente lo queramos o no unos más y otros menos, la gente que nos importa nos afecta animicamente con sus actos y un sin fin de casos y circunstancias que pueden hacernos felices o infelices, que hacen que no dependamos de nosotros mismos para ser felices, porque según veo yo el amor es un instrumento para ser feliz y si no nos hiciera felices igual no lo necesitaríamos tanto. A lo mejor esto se acerca más a otro tipo de enfermedad, o a ser simples animales que se dedican a subsistir, o quizás tengamos otros aspectos que nos diferencien de ellos, en cualquier caso si esto realmente es así, que bonito es sufrir esta enfermedad.

    Después de exponer una serie de dudas del tipo “altas horas de la noche”, solo decir que a pesar de todo creo en la idea del amor y soy feliz con esa idea.

    Un saludo, sigo leyendote.

    • maajeru dijo:

      Efectivamente, Tortuga,… Amor es una palabra muy gastada en la actualidad. Incluso polisémica, pero en la que yo veo una misma realidad separada en categorías, como si fueran los estratos de un yacimiento,… Por eso no me limito a hablar sólo del amor que está presente (o debería estarlo) en las relaciones de pareja, y ni siquiera lo pongo en primer lugar, porque para mí la secuencia jerárquica es amor maternal/paternal – amor sentimental – amor fraternal (hermanos y amigos a igual nivel), quedando el amor empático (el que se tiene al resto de los que nos rodean) en una dimensión aparte que engloba las otras tres. Por supuesto, y como tú muy bien apuntas, dentro de ese amor cabe también el que se puede tener a los animales o a los seres vivos. Claro que sí.

      Al sentimiento que provocan los placeres ante manifestaciones artísticas, profesionales y demás yo lo dejaría aparte, como una expresión distinta de nuestra Consciencia, aquello que nos hace ser humanos. Tal vez escriba sobre eso algún día.

      Ahora, quizá, y por ese “Dark Side” del que hablas (que no es exclusivo tuyo ni mucho menos, porque lo tenemos todos y sólo nos diferenciamos en cuánto hielo dejamos salir a flote), ves el amor como una enfermedad,… cuando es todo lo contrario. Es nuestra percepción, o nuestra propia carencia, el que nos hace verlo así. Pero el Amor es indiferente a nuestras desviaciones. En el post que se llama “Saber vivir en soledad” hablo un poco de eso. No como un catedrático, sino como alguien que se esfuerza cada día en conseguirlo. Porque maestros, en esta vida, apenas hay, porque no nos da tiempo, ni ponemos el empeño o las ganas de llegar a serlo…

      Bienvenido al blog, Tortuga. Espero que no sea tu última aportación, porque estoy seguro que puedo aprender muchas cosas de ti, e incluso mejorar mis comentarios gracias a los tuyos. Un abrazo.

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