El Amor, desde mi ventana (III): Saber vivir en soledad


Desde la ventana, ahora que el sol vuelve a ponerse, es fácil caer en la tentación de dejarse llevar por la melancolía y abandonarse. En breve Venus anunciará con su brillo que hemos girado una vez más sobre nosotros mismos, sin darnos cuenta, y que viene el momento de la oscuridad, en el cual todos los fantasmas hacen su aparición para acompañarnos y tocarnos en el hombro, o susurrarnos en el silencio palabras que nuestros oídos no son capaces de captar.

Ojalá…

Seguimos, entonces, a lo nuestro.

Decía Nietzsche que la valía de un hombre se mide por la cuantía de la soledad que le es posible soportar.

La soledad, en la mayoría de los casos, no es una elección. Incluso la persona más independiente que no quiere compromisos ni imposiciones de ningún tipo se siente solo en algún momento de su vida. Nacemos y vivimos rodeados de personas, en una danza que se nutre de todos los estados de ánimo posibles. Alguien me enseña a andar, a comprender. Alguien me imparte la primera lección e ilumina mi mente para continuar la búsqueda. Pero cuando alguien me besa, o me declara sus sentimientos, me doy cuenta de que soy una unidad que en el vacío experimenta el deseo de encontrar su opuesto.

Lo único que hacemos solos es morir, aunque tal vez ni eso.

Hay momentos en los cuales, entonces, no nos queda más remedio que estar solos. No podemos evitarlo ni huir. Cuando por lo que sea no tenemos una relación, o ésta se ha roto, es necesario adoptar una actitud sana y de crecimiento para aprovechar al máximo los beneficios que esa situación nos comporta. Para escuchar a nuestros Maestros interiores, la Experiencia, la Superación y el Sentimiento. Algo que nos empeñamos constantemente en no hacer.

El maestro Yu, al hablar con Jesús en la novela Caballo de Troya, le mostró un bien muy preciado que tenía dentro de su laboratorio de alquimista: una tablilla en la cual, en caracteres hebreos, se contenía una de las ecuaciones del Amor:

Amor= Doy porque Tengo.

Quien no tiene nada dentro de sí nada puede dar a los demás. Quien viene agotado previamente no puede entregar más que dolor y ausencia, o una tensión no resuelta. O llegado el caso, la necesidad de revancha y el pago de la deuda pasada.

En ese estado de soledad al que nos vemos abocados de forma involuntaria las sensaciones son muy dispares. Desde la preocupación a la desesperanza, con intermedios de protesta y lamento estéril. Nos invade la amargura y la impresión de que solos no podemos, de que necesitamos a alguien a nuestro lado para ser felices, para que complemente aquellos aspectos de nuestras vidas en los que hay oscuridad o un deseo no realizado. Para que incluso nos ayude o nos tape los huecos, o calme nuestro Miedo. Al final, la soledad mal llevada se reduce a eso, al miedo. Al pensar que solo no puedo, que mi vida sería mejor si tuviese alguien a quien besar o de quien depender para ir al banco o para divertirme. O dormir, dicho de modo eufemístico.

El miedo y la necesidad son enemigos del amor genuino. Son la antítesis del amor, porque no se puede amar con necesidad. Eso no es una entrega, sino una transacción, en la cual desatamos un torrente de sentimientos sólo por colmar nuestra carencia,  corriendo con ello un grave riesgo de equivocarnos y dañar los sentimientos de los demás, que es aún peor. El sentimiento del otro es sagrado, y como tal deberíamos respetarlo y hacer los deberes en nuestro estado de separación para poder dar después de forma completa e integradora.

Cuando no resolvemos esa falta,  consciente o inconscientemente, huimos hacia delante, curando un desamor con otro, sin el necesario período de luto entre una relación y otra. Los errores entonces no se resuelven, sino que se acumulan en nuestra maleta. Y un error, más otro error, hacen un error doble que cada vez nos aleja más del Amor y nos conduce a la necesidad, a la desidia o a la relativización de las relaciones. Saltamos de una relación a otra sin apenas solución de continuidad, siendo incapaces por tanto de valorar lo que la nueva persona trae de nuevo, o de valioso, a nuestras vidas, y nos aisla, nos introduce en nosotros mismos, buscando sólo la propia saciedad de ese síndrome de abstinencia, impidiéndonos vivir una relación sana y trasladando a otro la responsabilidad de nuestras propias acciones.

Y allí donde disparamos esa carga quedan siempre heridas en otro cuerpo. Pálpate las tuyas, porque seguramente serán las mismas que las mías. Y observa las muescas de tu arma, y quizá encontraremos todos similitudes.

Si Amor significa tener previamente algo que ofrecer, es necesario caminar nuestro propio desierto antes, y aceptar que la soledad, al igual que la compañía, son estados de esta inmensa escuela que es la Vida, y lecciones que no aparecen en nuestro libro por casualidad. Hay casualidades (las menos) y causalidades, que son las más. Nada sucede por azar. Nadie viene a nosotros sin ningún motivo. Si antes no hemos armado nuestros cimientos y aprendido a resolver nuestros propios problemas autónomamente, nuestras dioptrías sentimentales nos impedirán reconocer lo bello y lo valioso, allí donde verdaderamente se encuentra: en el corazón.

Extraño Maestro es el Tiempo, que es capaz de sanar o pudrir el alma.

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2 respuestas a El Amor, desde mi ventana (III): Saber vivir en soledad

  1. Tortuga dijo:

    Hola de nuevo, me parece muy buena esta entrada. Muchas cosas de las que hablas aquí dan que pensar, y aunque era algo que ya más o menos sabía me ha gustado mucho esta frase: “Amor= Doy porque Tengo”. Y también la idea de que la necesidad del amor es precisamente lo contrario a él. Pero no veo que no cumplir con esto vaya a significar que no ames, o a lo mejor simplemente se puede pensar que se ama cuando en realidad hay otra condición como puede ser la dependencia, pero una dependencia no puede acabar convirtiéndose en amor? Así a grosso modo puede parecer complicado de decir, pero imagina simplemente alguien que este pasando por un mal momento e inicie algo por necesidad o dependencia, de hecho tampoco pienso que tener esa necesidad vaya a ir 100% contra la idea del amor y vaya a hacer que no puedas sentir amor por otra persona, creo que en general se podría usar más como un indicador de salud de una relación, sin tener siempre que ponernos en el peor de los casos.

    En definitiva, estoy de acuerdo con esas frases pero tampoco me parecen una verdad absoluta, de hecho yo hablando sobre mi propia experiencia puede que haya tenido o tenga un poco de esa necesidad, porque me gusta la vida en pareja, me gusta estar enamorado y pienso que soy mucho más feliz de ese modo, pero eso no significa que tenga que estar si o si en pareja, tengo que encontrar a la adecuada y no me lanzo a todas las piscinas que veo, de hecho me cuesta encontrar piscinas que me resulten agradables, pero cuando he encontrado alguna a la que lanzarme porque me haya gustado (he empezado usando el verbo tirar en vez de lanzar al principio y lo he cambiado porque.. jejeje) creo que siempre he tenido algo que ofrecer y que he amado pese al tener esa necesidad. Ahora la pregunta viene a que supongo que todos tenemos esa necesidad de una forma u otra, unos más y otros menos, así que hasta que punto se considera una necesidad que roza la antítesis del amor? Yo me he agobiado a veces, y he pensado que a lo mejor no soy capaz de encontrar nunca a alguien que me llene, o que a lo mejor me llena pero no me corresponde, no es una obsesión pero ha estado y a veces sigue estando en mi mente, y eso que soy bastante joven! En fin solo es eso, saber en que punto están los límites porque pienso que estos temas son muy relativos, como toda ciencia social.

    De nuevo, genial la entrada y muchas gracias por la bienvenida en el otro post, no tardaré tanto en volver a escribir. Un saludo

  2. maajeru dijo:

    Por supuesto no tienes que estar de acuerdo en las cosas que aquí se escriben. Es más, te exijo que discrepes :D. La diversidad de opiniones nos enriquece a todos. También a mí a la hora de escribir.

    Cuando escribí esta entrada, Tortuga, al igual que el resto de la serie, estaba atravesando por una fase vital complicada. En su redacción hay una parte de esa vivencia y otra más general, la de las muchas personas cuyos casos leía en un foro que tú conoces y en otro en el que escribía antes. El denominador común de las historias que conducían al desengaño de una de las partes de la pareja y al fracaso de la relación eran las historias en las que el amor no estaba presente por algún “vicio”: y de ellos, el no saber estar solo y andar saltando de una relación en otra era el más evidente de ellos. Yo mismo lo sufrí en mis propias carnes.

    ¿Que se puede querer a alguien con el tiempo, empezando la relación con dependencia afectiva, aunque sea al abstracto? Por supuesto. En el amor no existen los Universales. Pero es más complicado, porque si te fijas, el tema ya no empieza genuinamente, sino como algo mercantil, de uso y consumo, y no auténtico y verdadero. No creo que haya sido tu caso, porque por cómo te expresas unas líneas más abajo tienes claro que eres selectivo a la hora de buscar pareja (ergo sabes lo que quieres) y ofreces algo a cambio. A ti, que llevas menos camino recorrido aún. puede que te parezca impensable que existan personas que usen a los demás, pero las hay. No lo hacen conscientemente en la mayor parte de los casos, pero lo hacen. Son personas por lo general con mucho miedo y una baja autoestima, que necesitan estar con otro para ser felices. ¿El motivo? Muchos. Puede ser por haber sufrido una educación represiva, por un trauma, por no haber educado la voluntad o por mil cosas más. Y todas esas carencias se arrastran de una relación a otra porque, y por eso hablo de ello, no son personas que se den un tiempo para reflexionar sobre los errores cometidos y las necesidades no cubiertas, sino que saltan de la borda de un barco a otro, sin pensar. Sin mirar. Y en ese salto se hacen daño y pueden, y de hecho hacen, daño a otros.

    Para que alguien con ese material de arrastre pueda tener una relación sana y duradera es preciso un período de descanso, el “saber vivir en soledad” del post, y el poder Tener para Dar. El tiempo va en función de lo que cada uno necesite.

    Necesidad de amar y ser amados tenemos todos, Tortuga. Desde que nacemos hasta que morimos. Pero si enfocamos esa necesidad como una búsqueda consciente y auténtica, al final acabamos encontrando a las personas adecuadas. Las que se van es porque deben hacerlo.

    Anímate a escribir en más post, porque me gusta cómo escribes, y yo también aprendo de lo que escriben los demás. ¡Un abrazo!

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