Huir del mundanal ruido


Queda inconclusa, y pendiente de terminación, la entrada que nos traíamos entre manos. He decidido tomarme unos días de descanso para relajar el cuerpo y el alma de este año tan duro, así que me acercaré a la costa, a ese mar que tan buenos recuerdos me trae, a vivir mi particular retiro.

Si surge, allí escribiré algo. El cómo lo publique será otra historia, que no está el internet para fiestas, a pesar de los móviles de última generación y la universalidad del Wifi (o eso dicen). Cumpliendo la máxima que me propuse al iniciar este blog, sólo escribo cuando algo me mueve a hacerlo, para dar más autenticidad a mis palabras de la que creo que ya tienen. Es posible que allí venga la inspiración, como vino en otras ocasiones. Es un sitio muy poético y maravilloso, al menos en mi opinión, donde me hubiera gustado llevar a mucha gente, pero habrá que esperar. Invitados estáis, en todo caso. Ni falta hace decirlo.

Tengo que dar las gracias a los lectores de este blog por la acogida, especialmente a dos de mis amigas que lo han seguido asiduamente (ya sabéis quiénes sois). Me consta que algunos más lo leéis de vez en cuando, aunque no os guste dejar comentarios. Espero que en septiembre os vayáis animando más y podamos hacer de este espacio algo participativo.

Espero que las entradas hasta ahora hayan sido constructivas y despertado buenos sentimientos. Nada me desagradaría más que hubieran provocado lejanía, cuando lo que pretendían era justamente lo contrario. Espero y deseo que haya sido así, de verdad.

Para celebrar este primer ciclo, voy a dejar colgada una fotografía que hice hace pocos días. Tiene su mensaje, aunque admite varios. El que más os guste. Para mí también es poliédrica, aunque la hiciese en un momento concreto. Son mis manos. Los que me conocéis más las reconoceréis por los dos anillos, que también tienen su explicación. El oscuro me lo regaló una amiga que se hizo religiosa, hace más de trece años, y desde ese día no me lo he quitado jamás. El otro es un anillo barato que compré a mitad de camino entre Murcia y Madrid, hace también por lo menos siete años. Simboliza mi estado actual, y el hecho de que sea barato y en apariencia poca cosa también tiene un motivo: que su valor no sea el metal con el que esté hecho, sino haberlo llevado la persona que lo regalará a aquella que sea capaz de conquistar su corazón para siempre.

Demasiada poesía para tanta prosa, pero todavía me resisto a dejar de ser así. Me retiro durante un par de semanas o tres, pero volveré. Espero que renovado, a dejarme sorprender o a poder volver a abrir puertas y ventanas, si es que el viajero desea volver a casa.

Y más no digo, que al final se me entiende todo.

Un abrazo, amig@s. Hasta pronto.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Otras cosas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s