12054 días


O lo que es lo mismo: 33 años pisando estas tierras.

Escribo esta entrada en un día que siempre ha tenido fuertes sentimientos en mí, algunos  de ellos contradictorios. A medida que voy pasando hojas del calendario me voy dando cuenta de mi propia evolución personal y de cómo ha cambiado mi mundo y el mundo desde aquellas primeras veces. Para sorprenderme en algunos casos. Para reafirmarme en otros. Para esperar en los restantes.

Cuando era niño los cumpleaños no tenían un especial atractivo para mí. Nunca hemos sido de celebraciones, y aún tengo que confesar que me siento tímido como entonces de recibir felicitaciones. No digamos el festejo en sí mismo, con tartas y demás. Por alguna razón me he sentido siempre un poco incómodo en esos ambientes, como si no me acabase de creer que la celebración es para mí. Estoy más acostumbrado a celebrar las de otros. Pero poco a poco vais consiguiendo que se me caigan esas pequeñas vergüencillas. Gracias, de verdad.

Lo que sí me hace sonreír y feliz es cada uno de vuestros recuerdos. Sabéis que exteriorizo poco los sentimientos, y que a veces parece que estoy como ausente. En realidad no. Lo que me falla es la pequeña capa de hielo que a veces tengo encima, según las estaciones. Pero por dentro siento mucho, muchísimo. Cada uno de vuestros detalles de acordaros en este día tan señalado me llegan muy dentro, y más ahora, que también necesito de vez en cuando una pequeña alegría para ir posando todos los cambios que se han producido en mi vida en los últimos meses.

Encuentro mucho más fácil agradecéroslo de este modo. Escribir es uno de los medios en que más y mejor puedo expresar mis sentimientos, y por eso prefiero que sea así, para daros lo mejor de mí. El otro modo, como sabéis, son los hechos, que siempre hablan más y mejor que las palabras. A cada uno de vosotros os quiero y aprecio de una forma diferente, sin que eso signifique que sea inferior a la del otro. Porque cada uno sois especiales, y eso requiere un trato más cercano e individual. No siempre puedo conseguirlo, pero trato de perseverar cada día en que así sea.

Tengo mis propios propósitos para este nuevo año de mi almanaque particular. Algunos ya los anticipé en alguna entrada anterior. Quiero ser capaz de ver más colores en la vida, aparte de los grises, y quiero también ser más exigente en cuanto a mis afectos y a la expresión de lo que siento por dentro. Pero tengo otros. Quiero empezar a cuidarme un poco y a cumplir alguno de los sueños que tengo pendientes. Quiero viajar, conocer esos lugares que siempre he soñado visitar. Egipto, Roma, las ruinas megalíticas de Inglaterra, Escocia e Irlanda… Muchos. Dependeremos del dinero, pero el proyecto queda ahí, con fecha ya de vencimiento fijada.

Quiero practicar la meditación de un modo más activo, y darle mejor respuesta a mis inquietudes espirituales que lo que hago ahora, pasando a un modo más activo de compromiso entre mis propios valores y mi praxis sobre ellos en esta sociedad.

Quiero, por último, grabar por fin todas las canciones que compuse a lo largo de estos años. Nunca lo he hecho y no quiero que por falta de uso se me acaben olvidando. Me hace cierta ilusión poder compartir también esa parte, y dejarla fija para que otros puedan escucharla después, cuando quizá ya no estemos.

El día ha sido feliz gracias a vosotros. Lo único que siento son las ausencias. Algunas más que otras, tengo que confesar, y por eso esperé hasta el último momento para ver si ese recuerdo se producía. No lo ha hecho, como me imaginaba que sucedería, pero esa ausencia no es tal. Porque en donde ha habido olvido por mi parte no lo hay. Nunca lo habrá. Tampoco en los malos momentos, que son los lugares comunes en donde nos podemos encontrar de una forma más sincera y más consecuente. Ahí es donde suelen marcarse las diferencias entre unas personas y otras.

Gracias a Miguel Ángel, por ser mi segundo hermano. A Ángela, por aquellos días de coro que siempre llevaré conmigo. A Mirka, por seguir siendo mi amiga a pesar de vernos tan poco. A Gelu, a Ángel, a Alin y a Luis por tantos buenos momentos de música y de hermandad. A Fran, por entender mis pequeñas oscuridades y no tomarlas en cuenta. A Ana, por los días del cambio de domicilio y el cheque bebé. A Loles y a Álex, por tantos años de amistad a pesar de mis pesadeces.  A Rocío de Almería, por ser una de las personas que más valora la naturaleza que he conocido nunca. A la otra Rocío de Guadalajara, por decirme las cosas como son y no como las veo a veces, y acompañarme de la forma afectuosa en que lo hace. A Bea de Torrejón y a Catherine, por su alegría contagiosa y su modo sencillo de transmitirme lo bueno de la vida. A Yenny y a Nuria, por valorarme mejor de lo que a veces me merezco. A mi cuñada Sole, por los muchos momentos buenos que nos quedan que pasar a todos juntos. A Silvia, para que todo le marche de maravilla a partir de ahora. A mi Su, a mi Carmen, a mi Vero y a mi Arancha de ya sabéis dónde, Junto con Juan, con Alfonso y con Tomás, por hacerme sentir especial y por vuestra amistad que no desaparece a pesar del tiempo transcurrido desde mi marcha. A Javi M., por dieciséis años de amistad que se multiplicarán hasta que me quede aliento. A Eugenia del SET, por su capacidad de escucha y los viajes en Metro tan agradables. A mis compañeros del mundo del metal Antonio, Wash y Plácido, por todo lo que nos une y lo que está por venir. A María P., después de tantos años sin saber lo bien que le va. A mis primos Guedi, Miguel Ángel, Fran y Yolanda, por ser mi familia y mucho más que eso. A Elena, de los tiempos de la Universidad, por lo feliz que me hace haber recobrado el contacto con ella. A mi Rochi, a la que espero que le vaya cada día mejor. A Cristina y José, por acogerme tan bien como lo hacen cada vez que los visito, y por los días de Rock and Roll (besos para las nenas).  A “Pevarist”, por tantos años de amistad a pesar de vernos poco. A Lili y a Alejandra, por cruzar el charco para conocer a estos personajes, y no olvidarlos desde entonces. A Mari Ángeles, por tantas horas de conversaciones y de compartir los vaivenes de la vida. A David, por ser una de las pocas personas con las que puedo sintonizar en mis pensamientos. A Ana Rosa, por aquellos veranos maravillosos. A Inma, por seguir siendo mi amiga y por algo más de lo que nunca volvimos a hablar, pero que también llevo en mi corazón. A Isabel, con la que comparto cumpleaños, porque abrió mi mente a la positividad hace mucho tiempo. A Patri y a Juan, por los muchos buenos momentos vividos y los que nos quedan aún entre fotografías. A Marina, por ser alguien a quien admiro muchísimo por lo mucho que sabe de ese Egipto del que tan apasionados estamos. A Carlos, Fer, Manolo, Nacho, Javi, Ana y Maribel (y también Fran, al que mencioné antes), por tanto como sabéis que os aprecio, aunque no os lo diga todo lo que debería. A mis mutantes Antonio y Héctor, por nuestros más de veinte años de amistad. A Paola, por ser mi hermana espiritual. A Ana, por ser una fiel admiradora de mis conciertos. A Sonia, por los tiempos de la oficina y los próximos que vendrán. Y a mi Irenita, por ser el solete que ha iluminado varios de mis días tristes y cuidarme en mis peores momentos.

A los ausentes. Os sigo queriendo y llevando en mi corazón.

Espero no haberme olvidado de nadie. Son las 01:20 horas y estoy ya cansado, así que mis ojos pueden traicionarme. Pero la patata no.

Un abrazo para tod@s.

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Una respuesta a 12054 días

  1. angela dijo:

    Gracias a ti, Juan! 🙂 tenemos pendiente una quedada que nunca sucedió…

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