Eso no se dice, eso no se toca (I)


Timeo hominem unius libri
Santo Tomás de Aquino

Servidor tiene algunas extravagancias más o menos extrañas, de esas que a la gente le sorprenden cuando observan el perfil completo y no las partes. Con esto empiezo una entrada que puede ser de las más polémicas que puede contener este blog, por lo que aviso al navegante o lector entregado —es un decir— que si no tiene la mente abierta y libre de prejuicios es mejor que se entretenga con otra cosa que con la que nos va a ocupar los próximos días. Ya voy considerando este blog como un espacio personal en el que poco a poco voy volcando todo mi pensamiento, como si fuera un disco duro de vivencias (a salvo de la intemperie, el tiempo y la eventual ausencia definitiva), y cuando digo todo es Todo. Sometido, como siempre, a la evolución y a la dialéctica, aunque en ocasiones, eso de la dialéctica le puede traer a uno muchos problemas, y no siempre es un arte que pueda practicarse con todo el mundo.

Una de esas extravagancias consiste en leer diversos foros de ideas, digámoslo eufemísticamente, poco avanzadas. Lo hago no por vicio o por estar de acuerdo con esas ideas (el que les escribe tiende a sentir un hastío poco disimulado con las mentes cuadriculadas o prejuiciosas), sino para hacerme una idea de por dónde va la carcunda. Y con ese palabro designo a todo aquél hombre, grupo o institución que tiene ideas dogmáticas, encasilladas y con pretensión de Verdad Absoluta, siendo indiferentes el credo, la orientación política o el estereotipo social, aunque tengo que reconocer que estas características son mucho más acentuadas en algunos sectores que en otros, y que aquí cada uno saque sus propias conclusiones. Por lo general, el pensamiento de la carcunda suele ir en pack: si piensas de manera X, Y y Z vienen colgando detrás como una condena, algo así como un bat factor encadenado para una vida regulada hasta la última consecuencia. Se den ustedes una vuelta por la televisión, especialmente en horario nocturno, y enseguida se me entiende todo.

A veces me lo paso bomba leyendo las perlas que en esas páginas encuentro. En ocasiones, hasta he dejado algún comentario, culminado por lo general con alguna fatwa lanzada contra mi persona por algún cancerbero de la ortodoxia, expresada en términos que casi siempre riman con herejías o condenaciones eternas con fuego y Pedro Botero pinchándome con el tridente en el culo. En otras, por lo general, me alegro mucho de no tener ese pensamiento. Y alguna vez (cada vez más frecuentemente) siento horror y repulsión por lo que leo.

Introducción poco liviana para lo que quiero contar realmente aquí, aunque muy relacionada: los efectos de las educaciones represivas en las personas. Nuevamente volvemos a salir a ese Mundo que es protagonista tercero de la mayoría de estas letras, antes y ahora, para ver cómo anda esa realidad en nuestro vivir de día a día.

Cuando era pequeño, tuve varios profesores que trataron de acostumbrar mi sistema digestivo a la dieta de pesebre. Recuerdo especialmente a uno, cuyas expresiones favoritas eran “No te preocupes, que yo te lo vendo muy facilito”, “Cada día un plátano” o “Anda mi madre, ¿pero será bobo?”, como modo de hacer entender, por la vía expeditiva, que aquello que iba a decir o a exigir era como el Catecismo: no opinable, inmutable y sujeto a la infabilidad. El buen hombre no era lo que se dice un ejemplo de pedagogía. Educado con anteojeras, pretendió transmitirnos ese mismo sistema a los alumnos, acompañado de algunas recomendaciones emitidas al amor de un palo de silla de tijera. Ese diálogo, en niños de ocho, diez, doce años, no era precisamente constructivo, pero surtía su efecto, o al menos lo hizo con algunos de ellos. Evitaba las siempre incómodas cuestiones del Por qué, como cuando el protagonista de la novela Sinuhé el Egipcio se hacía esa misma pregunta, obteniendo la misma respuesta por parte de los sacerdotes de Amón. “Así está decidido”.

El éxito de la terapia, júzguenlo ustedes mismos. De aquellos polvos, estos lodos. Cuando fui haciéndome mayor, y después de pasar por algunas experiencias que forjaron mi ánimo pude liberarme de esas cadenas, aunque mi trabajo me costó. El primero de ellos, perdonar a sus responsables (algo que he conseguido no hace tanto tiempo como puede pensarse). Ese tipo de represiones siempre dejan un poso del que uno no acaba de liberarse en toda la vida. Me ayudó mucho compartir las experiencias de otras personas, entrar en contacto con otras realidades y sobre todo ampliar mis conocimientos a otros saberes e ideas. El resultado es la persona que hoy les escribe.

No necesariamente más sabia, pero sí más libre. Y la Libertad es a veces una de las formas de conocimiento de uno mismo más completas que existen. Y que trascienden la propia individualidad para dar sus frutos en los demás.

Y ahora vamos a ponernos serios.

La educación de un niño tiene que estar, a mi modesto juicio, basada en tres pilares fundamentales: la Confianza, el Amor y la positividad. Ninguna de las tres se entiende sin las restantes, porque son un todo interconectado, destinado a hacer de una persona en formación un adulto equilibrado y feliz. Así lo iremos desgranando, en un proceso diacrónico, tal y como puede verlo este señor que les cuenta todo esto que aparentemente no va a tener nada que ver con lo primero que ha contado. Aunque ya veréis como al final sí.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Otras cosas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s