Para ti, 2012, que te marchas…


Empezaste, bien, 2012. Empezaste con ilusiones y con esperanzas, con un frío tremendo pero con un calor intenso.

Empezaste quitando el sabor a salitre de mi cuerpo, y renovando promesas, ocasiones, lugares y fechas. Actualizando calendarios. Removiendo el polvo de los estantes.

Empezaste no un día primero, sino en una jornada de autobús, a oscuras, mientras iba el Otro Yo pasando revista a tanto, a tanto…

Se puso el contador a cero. Se dibujó una sonrisa en el rostro, y después,…

Después…

Pero terminaste muy pronto. Casi en las primeras bocanadas. Se hizo la luz y de repente se volvió a apagar. Vino entonces la Tormenta. Una tormenta pertinaz. Suave en ocasiones. Implacable en otras. Con lluvia. Con viento. Con breves espacios en los que el sol brilló entre las nubes.

Te acabaste pronto y dejaste el tiempo suspendido. Como continúa ahora, esperando quién sabe qué en quién sabe dónde.

A pesar de todo tengo que estarte agradecido, 2012. Por lo que me has ayudado a aprender. Por las nuevas personas que has puesto en mi camino. Por darme la ocasión de continuar existiendo, más liviano (mucho más liviano) y más breve. Tal vez más sabio, sólo Dios lo sabe. Por permitirme cuidar. Por enseñarme a resistir a pesar del huracán.

Y el resto…

El resto habrá que andarlo, con la venda en los ojos o sin ella.

Hasta el final del camino.

soledad

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