Eso no se dice, eso no se toca (y V)


Si se parte de esa base, pues las consecuencias son lógicas. Todo lo que salga de la horma será nocivo, o incluso peor. Las relaciones entre dos hombres o dos mujeres, también (frecuentemente condenadas, por cierto, por aquellos que más miedo le tienen por saber que en su interior sus necesidades son las mismas, léase el caso reciente de La Vulpes y sabandijas semejantes). Incluso relaciones fuera del matrimonio (estadísticamente las más frecuentes). El cuerpo de una mujer, que para mí es una de las cosas más bellas de la naturaleza, resulta un antro de perdición. Y así, suma y sigue.

No hablaremos del psicogrupo en cuestión que es el máximo exponente de esta patología de pensamiento, pero para los más avisados resulta evidente. Lo hacen otros también, de todos modos.

La Culpa

culpa

Para mí, la peor consecuencia de todas, y corolario de las restantes, porque es la que más afecta a todos los órdenes de la vida. Para que un individuo tenga miedo es preciso antes rebajarlo, degradarlo, hacer que se sienta malo, e indigno de recibir comprensión, afecto o amor. La mayor de las veces sin motivo, porque en esta vida yo he conocido a muy pocas personas malas. He conocido muchas más personas temerosas, miedosas o equivocadas. Como es natural, yo mismo he sido muchas veces esa persona. Sé de lo que hablo.

La culpa es el estadio final de una vida gobernada por la represión. Pero hablo de una culpa patológica nacida de la nada, no de aquella que nace como respuesta a nuestras propias malas acciones, en actuación de una conciencia formada en valores éticos. Aprovecharse de los demás, dañar sin motivo, regirse por el egoísmo, vivir para la desigualdad, justificar y/o utilizar la violencia como modo de conseguir fines y otras conductas no entran dentro de la definición que ahora nos interesa. Hablo de la culpa extemporánea que nace de una educación equivocada.

Esa culpa es una herramienta muy útil. El individuo que es educado en estos culpa2patrones responderá siempre sumisamente a las órdenes de aquél que considera superior, por muy poca razón que pueda llevar éste. Tendrá inoculados dentro de sí unos principios, unas directrices básicas de comportamiento que repetirá una y otra vez. Será muy complicado sacarle de ese estado, porque para él/ella quien no comulgue con su forma de pensamiento será extraño o enemigo, y alguien que lo sacará de la aparente seguridad vital que proporciona el consentir que otro gobierne tu vida.

Las consecuencias de la culpa se manifiestan en todos los órdenes de la vida, con el traductor común de la falta de libertad y autonomía propias para regirse de forma independiente. En cuestiones laborales será un individuo gregario, que soportará estoicamente conductas lesivas de sus derechos, o incluso amparará y/o justificará a sus jefes por practicarlas, y a las ideologías o políticas que harán uso de ellas para cercenar sus reivindicaciones legítimas de mejor salario, mejor horario o menor precariedad, por poner un ejemplo. En el orden social, serán individuos que fracasarán en su relación con el entorno porque su patrón afectivo está distorsionado en polaridades, reaccionando de forma desmesurada ante la crítica constructiva o actividades que no cuadren en su modo de pensar. Y en la escala afectiva será en donde más (y peor) se manifiesten los efectos de la educación represiva. Serán individuos que fracasarán en sus relaciones de pareja o familiares, o al menos no conseguirán jamás ser felices en ellas. Bien por el exceso, que conllevará que no sean capaces de tener relaciones duraderas, cayendo en insatisfacciones, prolongaciones del estado de limerencia o infidelidades, bien por el defecto, que los llevará a relaciones destructivas, tóxicas o de dominación.

Y sobre las relaciones de dominación pienso hablar muy pronto.

Algunos terminan no soportándolo y cayendo enfermos, teniendo graves desórdenes psicológicos, o cosas peores.

Como ven, no es cuestión menor. Con los años, y a medida que fui liberándome PARA_LA_LIBERTADde una educación derechista y tramposa y conquistando mi libertad, pude observar con mayor detenimiento lo que esos individuos e instituciones pretenden hacer con cada uno de nosotros, y a qué pretenden rebajarnos. Sin caer en el alarmismo o en las teorías conspiranoides, son muchos más, y están en más sitios, de los que creen. Están en sus juzgados. En sus administraciones. En el Consejo de Administración de su empresa. En su bloque de vecinos y (no hace falta decirlo) en los medios de comunicación e internet, repitiendo machaconamente su discurso de buenos y malos, de bondades (supuestas) y perversiones (siempre del otro). De hecho, son maestros en este último arte, el de la comunicación. Haciendo uso de las maquinaciones de Goebbels (miserable que por desgracia no queda demasiado lejos en la ideología de algunos de esos sujetos que menciono), convierten la mentira en realidad a base de repetirla. Cien veces. Mil veces. Un millón de veces, si es preciso. Porque disponen del tiempo y, sobre todo del dinero para hacerlo. Y su último objetivo es conseguir lo que siempre, y lamentablemente, han intentado algunos seres humanos sobre otros:

Sojuzgarlos.

Están en esos sitios que hemos dicho, pero culpatambién en otro mucho más importante: en la educación de nuestros hijos. Hace poco, y mientras terminaba de escribir este artículo, se me revolvieron las entrañas ante la manipulación de ciertas personas sobre niños menores, haciéndoles “hacer sacrificios” a la edad de ocho años o cruzar una carretera con los ojos vendados. Esa gente, por el bien de nuestra sociedad, debe ser apartada de la educación de los menores. He conocido casos muy desgraciados al respecto como para pensar que es cuestión bagatela. El niño de hoy es el adulto de mañana.

Y esa gente no descansa.

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Tres son las cosas de las que te compones: cuerpo, espíritu, inteligencia. De éstas, las otras son tuyas hasta donde conviene cuidarlas, y sólo la tercera es soberanamente tuya. Por ello, si separas de ti —esto es, de tu pensamiento— cuantas cosas hacen o dicen otros, o cuantas tú mismo has dicho o hecho, y cuantas te perturban en cuanto está por llegar, y cuantas tienes al alcance del cuerpo que te envuelve o del espíritu que nace contigo, sin elegirlas, y cuantas el torbellino que fluye alrededor y desde fuera voltea, de modo que tu facultad intelectiva des ligada del destino, pura, sin ataduras, viva por sí mismo sin ataduras, viva por sí misma, practicando lo justo, queriendo lo que acontece y diciendo la verdad; si separas, digo, de este principio rector lo que depende de la pasión y del tiempo que está más allá, y del pasado, te haces a ti mismo,(…) y solo te preocupas de vivir lo que vives, esto es, el presente, podrás pasar al menos el resto de vida que te queda hasta morir imperturbablemente, benévolamente, y reconciliado con tu propio Genio.

Marco Aurelio, Meditaciones, Libro XII.

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Postdata necesaria: Éste es un blog en el cual el autor emite sus pensamientos tal y como Dios le da a entender (sin Magisterio, por supuesto), pero como pueden comprobar, por cuestiones obvias y no por falta de ganas, no se citan nombres propios ni de instituciones. Lo digo por dos motivos, en previsión de cualquier contestación/fatwa: el primero, porque la opinión, dentro de los cauces legales, es libre. El segundo, porque está sujeta a debate, pero sin dogmas, cadenas ni yugos. Mi opinión está lo suficientemente formada como para resistir una confrontación ideológica basada en la razón, incluso en la espiritualidad.
Si alguien tiene algo que decir, es libre de hacerlo. Y el autor de contestar.

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