Ma’at, o la esencia del Orden invisible (I)


La Palabra es la luz verdadera que ilumina
a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba,
y el mundo fue hecho por ella,
y el mundo no la conoció.

(Jn 1, 9-10)

Cuando a los ocho años cayó entre mis manos un volumen, de aquellos que inician las colecciones en los quioscos de prensa, sobre el Antiguo Egipto, no tenía ni la más remota idea de lo que aquel encuentro supondría para mí.

Sucede en casi todos los órdenes de la Vida. La visión parcial que nos lleva a pensar que nuestras vidas son la consecuencia de azares y hechos aparente casuales y contradictorios nos impide ver esos todos que hacen, cuando el cristalino se educa para ver más, mejor y más allá, las líneas convergentes, divergentes o finales que nos llevan a ser lo que somos y no otros. Mística o secuencialmente, los hechos de nuestras existencias no son epifenómenos de lo burdo o lo precario. Son más. Mucho más de lo que aparentan, y de cómo se nos representan. Hay una línea lógica que hace que nazcas con una sensibilidad especial ante determinadas cuestiones. Una madre que te habla como si fueras adulto y no un individuo carente de consciencia. Una lectura que poco a poco se va haciendo comprensible y deja de ser un baile de palabras para convertirse en una Danza de la Consciencia.

Y muchas paradas, y estaciones. Renglones que terminan para que den paso a nuevos capítulos.

maat

En ese libro, en una lámina, apareció la imagen de una mujer que extendía sus alas, como queriendo abarcar el Todo entre su pecho. Y una pluma en la cabeza. Lo que con ocho años te parece fantástico (y se lo sigue pareciendo a mucha gente que aún considera que los Mitos, las Parábolas y en general aquello que no pueden aprehender de forma inmediata es un invento, un cuento —en el sentido peyorativo de la acepción, aunque por supuesto tiene otros—, o una representación de imágenes monstruosas mitad hombre mitad bestia) al final, con el devenir del tiempo (Maestro), cobra su verdadero significado. El icono queda ahí, para recordarlo y recuperarlo cuando tu cuerpo y tu Consciencia (en versal) ya tienen la suficiente pátina como para descifrarlo.

Sobre eso, tras esta pequeña introducción, quiero hablar en esta ocasión. Sobre Ma’at:  la personificación del Cosmos Ordenado, y sobre la implicación total que tiene en mi vida.

*

Nos tocó vivir en una sociedad positivista, sin poder sustraernos a esa realidad. revelaacionEn una dialéctica causa-efecto en la que muchos se sienten cómodos. Sin preguntas. Sin consecuencias imprevistas. Sometidos a la tiranía de los sentidos, de lo fácil, de no buscar el esfuerzo de ir más allá. Los griegos, que fueron los sistematizadores del pensamiento humano (aunque ni mucho menos, como vamos a ver, los artífices de su descubrimiento) encontraron un modo de expresar el momento en el que uno toma plena consciencia de las Verdades fundamentales: lo llamaron αποκαλύπτω. Expresado en primera persona, es un verbo que significa revelar, retirar el velo. Lo mismo que se hace (hacía) a las novias. De ahí que el último libro del Antiguo Testamento se llame así, precisamente. Apocalipsis: Revelación.

Una de las formas de la revelación es la comprensión de lo que nos rodea, de un modo accesible tanto para el iniciado como para el profano. Y en esto los egipcios fueron unos auténticos maestros.

Hoy, con nuestros cepillos de dientes eléctricos, nuestros coches de gran cilindrada y el resto de elementos fútiles que venimos a llamar progreso, la civilización egipcia a muchos les parece algo exótico, ajeno a nuestro pensamiento y un estadio de la Humanidad más atrasado y en el cual los hombres se empeñaban en levantar absurdos montones de piedras y adorar a divinidades con cabeza de perro o de alimaña. Lo cierto es que nada (para variar) es lo que parece.

La civilización egipcia es la verdadera cuna de lo que somos ahora. images (2)Y para expresar su pensamiento de aquello que nos rodea no utilizaron la palabra escrita tal y como nosotros lo hacemos ahora, sino el Símbolo. Desde su propia escritura a aquello que querían revelar. Desde que el hombre fue capaz de levantarse sobre sus piernas fue capaz también de elevar su mirada hacia el cielo y las estrellas, y preguntarse el Por qué. Por qué somos lo que somos y por qué es como es lo que nos rodea, cuál es nuestra misión y de qué modo esa realidad y nosotros mismos estamos relacionados. Pero esas cuestiones requieren de un alto grado de reflexión y conocimiento que no todo el mundo está en capacidad de adquirir o en la voluntad de asimilar. Se hizo, por tanto, necesario, expresarlo en formas que fueran fácilmente accesibles para todos, e impresionaran directamente los sentidos sin pasar por el tamiz de una razón que tal vez no estuviese lo suficientemente preparada para su contemplación. Lo simbólico nace en Egipto. En esas sendas nos moveremos ahora, y tal vez (sólo tal vez) consiga explicar el porqué de este artículo que ahora estáis leyendo.

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