Ma’at, o la esencia del Orden invisible (IV)


La conjugación en tiempo presente de la obligación de veracidad para con uno mismo, junto con el ruego o exigencia de la de los demás, configura el microcosmos de las relaciones humanas, que son el reflejo de las relaciones de una sociedad. Si fallamos a ese requisito, ¿cómo podemos pretender que nuestros gobernantes, instituciones y en general nuestra sociedad sea veraz? Esto es un proceso inductivo que se genera en uno mismo y que tiene al final que revertir en la cúspide de la pirámide.

Otro imperativo categórico. ¿Será que me repito?

Ma’at como Justicia.

Corolario lógico. En el mundo ordenado, cuando se busca la Verdad, inmediatamente la Justicia tiene que aparecer como su consecuencia. La lucha de Ma’at contra Isfet (el Caos) implica la asunción de aquello que es Justo como obligación inexcusable de cada ser humano.

Ser Justo.

Difícil.

baja autoestima

Difícil ser justo con los demás si uno no es justo, tampoco, consigo mismo. Como en todas las realidades anteriores, y todas las del mundo, ésta no es una excepción: ha de nacer de uno mismo y desde allí germinar, hacer brotar la semilla y que el tallo salga al exterior, donde interactuará con otros. Es inevitable.

Hemos nacido y crecido en una sociedad que no nos enseña a ser justos. Que nos enseña, más bien, a machacarnos, a malgastar los mejores años de nuestra vida en lograr un ascenso, una preparación que a lo único que nos conduce es a poder comprar ese coche que tiene el vecino o a darnos lujos miméticos, extravagantes, imitados con precisión de aquellos que nos rodean. Y por el resto del camino están las personas que olvidamos, la risa de tu hija cuando crece, tu madre que se hace mayor y demanda tu ayuda. El subsahariano que desembarca en Avenida de América con dos céntimos en el bolsillo…

Me acuerdo de aquel chico, y esto es la primera vez que lo cuento. No tendría más de veinte años. inmigranteLo encontré mientas fumaba fuera de aquella estación, pidiendo dinero para poder viajar a Logroño. En su inglés de Camerún o algún país de la zona, y en el peor mío, no lográbamos casi entendernos. Creo que llevaba tres euros encima que le di. Pero después, no entiendo aún por qué, le señalé con el dedo hacia arriba y le agarré de un brazo para darle apoyo.
Rompió a llorar. Probablemente nadie le había dado consuelo en mucho, muchísimo tiempo.

abrazo

Y a mí,… a mí me venían las lágrimas a los ojos también. Algo se me murió dentro aquel día, cuando comprendí que no hay kilómetros ni distancias. Que en esta vida, mucho más importante que el metal, en qué nos parece todo y figurar, lo importante es precisamente eso. Un abrazo cuando alguien lo necesita. Porque yo también he carecido de ellos. Porque tú que me lees estoy seguro de que también los has echado en falta, en ocasiones.

Por eso, y por todo.

cisne y patito

Ser justo con uno mismo es renunciar a lo superfluo y aceptarse tal y como uno es. Aceptar uno sus miserias, sus dolores, pero también sus cualidades. No creo que Dios juegue a los dados tampoco con eso. Por algo somos, cada uno, lo que somos. El verdadero pecado reside en no dar eso, en guardarlo. En dejar que se muera. En dejar dentro el abrazo para el sin papeles por el qué dirán, pero sobre todo el no preguntarse cómo y por qué alguien llega fugazmente a tu vida precisamente para eso.

Quien no es justo para sí mismo no puede ser justo para los demás. Por eso en tantas ocasiones fracasamos en nuestras relaciones con los demás. Ese maldito Miedo que siempre nos impregna, como un aceite correoso y difícil de quitar, nos persigue en forma de baja autoestima. Nos persigue a través de recuerdos de personas que nos hicieron daño y nos impiden apreciar a aquella que tenemos justo delante y que viene con buenas intenciones. Nos roba la esencia y nos embarca en situaciones desiguales, en donde ya sólo se desarrollan escenarios quiméricos que no guardan relación alguna con el original.

ausencia

A veces, ser justo con uno mismo implica hacer cosas que duelen muchísimo. Pero sólo desde el convencimiento de que es lo mejor hay que realizarlas. Porque si es algo pasajero o no no somos nosotros quienes lo decidimos, sino la misma Causalidad. Si tengo que alejarme de alguien no puedo estar contento. Sufro. Echo de menos. Pero es inevitable. A veces hay que alejarse para no herirse y no herir. Para cuidar de la propia persona de uno y dejar que las heridas curen y no queden cicatrices visibles que puedan luego preocupar a otros.

Nadie dijo nunca que la vida fuese fácil.

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