El Proceso de la Presencia (II): Sexta Sesión


Durante toda esta semana pasada me he dedicado a trabajar intensamente la Sexta Sesión del Proceso de la Presencia.

Entiendo que para no revelar Dramas (es decir, escenificaciones de procesos vitales que aún pueden estar dañados), así como para invitar a quien quiera unirse al Proceso, lo más conveniente es que no desvele el mecanismo ni las técnicas que se realizan en él. Será ésta una entrada, entonces, sobre mi propia vivencia a lo largo de la semana de trabajo.

He de decir que esta vez no me ha resultado fácil. El proceso de limpieza emocional llega en este momento, y en lo sucesivo, a su máxima expresión, como modo de trabajar la carga emocional negativa que hay en todos nosotros. El pasado y el futuro deben ceder su puesto al Instante Presente, y para ello debo desandar el Sendero de la Conciencia tal y como lo he vivido durante (casi) treinta y cuatro años. Ir de lo físico a lo mental, y de lo mental a lo emocional, no es nada sencillo, especialmente para personas como éste que escribe, que nos hemos acostumbrado a vivir en la esfera de los pensamientos y a funcionar como autómatas durante casi todo el día. Un ajeno, hace como mes y medio, me dijo que veía mi ser muerto, como con el piloto automático, y me dio mucho que pensar. Quizá por ello decidí embarcarme en esta historia. Quizá por eso el libro me llamó del estante. No lo sé…

Cuesta trabajo, para qué voy a engañar, asumir la propia curación de uno. No es fácil limpiar las heridas, sobre todo si son algunas que ni siquiera recuerdas.

Mi proceso vital está preñado de esos pequeños posos acumulativos. Guardo poco recuerdo de mi primera infancia, hasta los siete años. Quizá debería tener más vivencias en mi memoria, y seguramente por allí andarán, pero deben ir saliendo poco a poco, y no de manera física o mental, sino emocional, que es la más compleja y difícil de todas. Pero la única posible para ir allí donde la causa revela el daño, y poder integrarlo de raíz. Porque después sí hay material. Abundante…

Me he aplicado conscientemente a la respiración y he empezado a limpiar emocionalmente sucesos más o menos pasados yendo a las puras fuentes del dolor y del malestar. Pero he reservado el último de todos para el final. Como el Proceso es acumulativo, la limpieza continuará durante estas semanas. O tal vez meses, pero entiendo que es algo que no podía dejar pasar más tiempo para realizar.

Si algo me ha quedado nítido en estas seis semanas ha sido la cantidad de veces que he vivido fuera de mi cuerpo, en momentos futuros (los menos) y pasados (los más). Con razón muchas veces estaba como alelado o en mi mundo. No he tomado conciencia de mi propio cuerpo hasta ahora, y con ello mis achaques y adicciones han empezado a remitir. Pero hay momentos en que se exacerban. Mi cuerpo físico ya me va diciendo por dónde tengo que ir trabajando, y estoy sorprendido por los resultados. No somos ni medianamente conscientes del reflejo que tiene nuestra carga emocional negativa en nuestra vida cotidiana, la cantidad de efectos físicos que provoca. Casi todos los que no pueden achacarse a enfermedades graves, e incluso algunas de éstas, los provocamos nosotros mismos, con nuestras irresoluciones, con nuestras partes no integradas. Es casi como una colleja emocional. Yo así lo siento, al menos.

Todo avanza. Mis adicciones empiezan a remitir de una forma sana. Mi necesidad de sedación y de control también. Mis dramas ya se representan menos. Reconozco a los mensajeros pasados (algunos con nombres y apellidos), aunque tengo que entrenar más para reconocer a los que ahora mismo puedan presentarse. No me cuesta ya ningún esfuerzo conectar mi respiración y lo hago incluso fuera de los momentos preceptivos para realizarla, cuando me encuentro nervioso o tengo algún dolor o malestar físico, mental o emocional.

Como efectos, dos: el primero, que mi cuerpo empieza a rechazar la cafeína, y no lo refleja como malestar físico, sino mental, saturando mi mente a la hora de descansar. Leyendo el comienzo de El Universo Holográfico, de Michael Talbot, tuve que hacer una parada para centrarme y darle sosiego al cerebro. Mi mente se estaba llenando de conceptos y el estímulo de dos coca-colas lo noté vivamente. He decidido, pues, dejar de consumir definitivamente productos que la contengan. No creo que los excitantes sean necesarios para llevar una vida plena y activa, ni estar más en guardia. Eso se puede conseguir con más instante presente, estando donde debemos estar, que es AHORA. No me preocupa el perjuicio social que supone no pedir bebidas de ese tipo o el juicio que hagan los demás sobre ello. Llevo diez meses sin probar una gota de alcohol y no me considero un bicho raro por ello. Y, en todo caso, tampoco debe preocuparme la opinión externa.

El segundo de los efectos es que he avanzado más y mejor en mi celibato voluntario y riguroso, dándome cuenta de lo necesarios que son esos tiempos para un ser humano. En una sociedad materialista e hipersexualizada, parece que es tarea casi imposible tener esas vivencias. Nada de eso. Es sumamente sencillo y además ayuda a entender el amor físico de pareja desde una perspectiva emocional. Es al final una nueva inversión del Camino de la Conciencia: pasar de lo físico (la relación sexual esporádica, la propia o la que se hace por necesidad), a lo mental (comprender las causas de por qué hacemos eso y le damos al Amor tan poca categoría, así como el convencimiento de que así utilizado se convierte en una forma de sedación, entendida según el concepto del instante presente), para pasar a entender y exigir que una relación física sea una expresión completamente emocional para llegar incluso a lo espiritual.

Y darse cuenta uno de que en sus últimas relaciones el tema (por responsabilidad propia y ajena) no ha podido ir más allá de lo físico, y que por eso no las ha disfrutado plenamente. Ya no me vale el tomate de bote, intuyo.

Mañana activaré la séptima sesión, y continuaré neutralizando la carga emocional negativa. El Proceso llega a su segunda fase y a su punto álgido, en esta primera vez que lo recorro. Nn puedo decir que no está siendo trascendente, porque estoy cambiando y lo noto. A veces me da hasta miedo, pero es otro malestar que cede enseguida…

PD: Dedico el esfuerzo de toda esta sesión a la nueva criatura que está en este mundo desde el lunes, y a la feliz mamá que a partir de ahora asume la responsabilidad de hacerle una persona feliz. Tu dicha es la nuestra, hermana.

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