Cuando el enemigo eres tú (I)


Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias,
sino para los hombres, pero si los hombres
las sienten demasiado, se vuelven bestias:
vuestra merced se reporte, y vuelva en sí,
y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte
y muestre aquella gallardía que conviene
que tengan los caballeros andantes.
Miguel de Cervantes

images (2)Resultaría muy sencillo transmitir a todos aquellos que nos conocen  —incluso a quienes no lo hacen— una imagen de nosotros mismos idílica, superficial y que sólo mostrase nuestros puntos fuertes y lo saludables y estupendos que estamos. En esta sociedad en la que vivimos, en la cual los enfermos ocultan sus enfermedades, vemos el tránsito hacia la muerte como algo artificial de lo que hay que desprenderse cuanto antes, y hasta las manifestaciones de sentimientos tan básicos y naturales como la tristeza están mal vistos y son perseguidos como debilidad, molestia o cansancio para los que nos rodean, hablar de aquello que nos duele es un punto como poco crítico, y sin embargo necesario, atendiendo al número cada vez mayor de personas que lo padecen.

Al habernos desnaturalizado con respecto a nuestro entorno nuestros problemas se han ido enmascarando, generando a su vez otros adicionales derivados no solamente de la causa primera que los engendra, sino también de la lucha titánica en que nos empeñamos por defendernos de ellos, tanto frente a nosotros mismos como ante aquellos a quienes queremos, con quienes trabajamos o en general ante los que nos tenemos que presentar.

Sería muy fácil, como digo, ocultar todo eso. images (1)Incluso para mí mismo, que llevo cuarenta entradas publicadas en este blog, lo cómodo sería aparentar ser un superhombre al estilo Nietzsche que está por encima de cualquier vaivén vital. Es estupendo que le digan a uno lo majo que es y lo mucho que gustan sus escritos, y el mejor modo de mantener un status de escritor putativo es contar pocas cosas que vayan en contra de la imagen virtual que inevitablemente se crea al hacerlo. Sencillo, pero artificial. Y como el propósito primero aquí es desnudar el alma, y después que ese destape tenga alguna utilidad para los lectores, en los próximos artículos vamos a tratar ese tema callado que sin embargo está tan presente —puede que incluso en vosotros también— en nuestras vidas o en las de nuestras personas queridas.

images (3)Me refiero, claro está, a lo que yo llamo las enfermedades del cuerpo mental, y que vosotros, si queréis, podéis llamar ansiedad o depresión, que para el caso es lo mismo. Y no lo hago de oído, sino por haberlas experimentado en un largo proceso que ha tenido sus picos. Verdaderamente quiero hablar sobre este tema porque sé de primera mano lo duro, y lo difícil que es, para aquellos que las sufren ser primero conscientes de que se tiene un problema de esa índole, y después pedir ayuda para solucionarlo, por no hablar de los trastornos colaterales que inevitablemente se desarrollan durante esta etapa.

En todo este camino he querido reflexionar cuál es el itinerario que siguen, tanto el que yo usé en su día para poder combatir sus efectos como después, una vez recuperado, el que me permite poder ayudar a otros a que superen el trance de la mejor forma posible. Trataré de darle una forma estructurada y, esta vez, me gustaría que si os encontráis en esta situación, o conocéis a alguien que pueda estar atravesándola, invitéis a quien lo precise a que las lea o incluso comparta sus experiencias.

Creo que todos podremos sacar algo positivo al hacerlo.

Primera parte:
La tarde anterior

Causas internas

Decía El Kybalión;

Toda causa tiene un efecto y todo efecto tiene una causa; todo sucede de acuerdo a la Ley, y la suerte o el azar no es más que el nombre que se le da a la Ley no reconocida.

Y es cierto. Aunque no del modo que se nos presenta habitualmente.

Nuestro propósito último al venir a este descargamundo consiste en Vivir, simple y llanamente. Pero vivir no es un acto pasivo; por el contrario, nuestra participación activa es fundamental para exprimir a cada situación, a cada persona o a cada sentimiento su significado real. En ese fluir es inevitable que tengamos que experimentar dolores y hechos desagradables, cada uno el suyo. La soledad, el maltrato, la traición, el desamor, la exigencia, la pobreza o necesidad, la incomprensión, la enfermedad, la muerte, la vejez,… tantas y tantas cosas que nos hacen ser lo que somos. Y sin embargo, por motivos que muchas veces se nos escapan, nuestra fuente de la memoria hace que primemos estos sentimientos por encima de la alegría, el placer, la serenidad o todo aquello que viene de positivo en cada día de nuestra existencia. Frecuentemente, además, el recuerdo queda desnudo de significado y enseñanza, bien sea por el tiempo transcurrido, por nuestra propia negación de su significado o simplemente porque lo convertimos en algo pasivo, en algo que nos sucede, aparentemente por azar o por predestinación, y no en algo en lo que participamos, que sería lo sano y deseable.

Tristezas tenemos todos. Si bien desigualmente repartidas, tarde o temprano todos pasamos por los mismos estadios que los demás, por mucho maquillaje o perejil que le pongamos para disfrazar el sabor. Y sin embargo, no todos reaccionamos igual ante ellas.

¿Por qué?

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