Cuando el enemigo eres tú (IV)


 Segunda parte

La Noche

dali

Seguro que te reconoces en alguno de los puntos o situaciones de los que hemos hablado antes. Pero esas situaciones, por sí solas, no bastan para caer en el abismo. Hace falta algo que amplifique esas sensaciones y las convierta en una enfermedad.

Lo vamos a llamar El Detonante.

Es como una carga de profundidad con temporizador, que se activa cuando menos lo esperas, y no necesariamente en el mismo momento en el que sucede.

Martes por la mañana. Te encuentras en el trabajo, y de repente todo te empieza a dar vueltas. Tu corazón se vuelve loco de latir, sientes náuseas o crees que te vas a desmayar.

Tarde de domingo. Estás tan apático que no tienes ni ganas de levantarte de la cama. Empiezas a llorar sin ningún motivo, a sentirte desdichado, a creer que no merece la pena vivir. Y ya no paras.

¿A alguien le suena esto?

A lo primero le llamamos ansiedad. ansiedad 2A lo segundo, depresión. Incluso es probable (y de hecho es muy frecuente) que las dos vengan tomadas de la mano. Puede que la situación estresante no haya sucedido el martes por la mañana, o que la ruptura sentimental sucediera meses antes de la tarde de domingo, pero se presentan en ese momento y no en otro.

Siempre hay un por qué. Ya vimos antes el planteamiento, y sólo le hace falta el nudo (el detonante) para llegar al desenlace.

La ansiedad

Es una experiencia sumamente desagradable, a la que se añade el dolor que causa el ser una enfermedad incomprendida por los síntomas que genera, que suelen ser vagos, contradictorios y difíciles de catalogar. Es muy complicado explicarle a tus seres queridos lo que te sucede, y eso alimenta al monstruo con carnaza fresca —una soledad lacerante— y lo hace más fuerte y difícil de vencer.

ansiedad 1El esquema básico seguro que lo saben aquellos, de entre los que lean estas líneas, que lo hayan padecido. La ansiedad se presenta siempre de forma repentina, como antes dijimos. Lo hace en forma de un ataque que se ve acompañado (entre muchas otras que pueden presentarse) de sensación de vértigo, de muerte inminente, de taquicardias, de dolor en el pecho (que por sí solo hace también que creamos que estamos teniendo un colapso cardíaco o un accidente cerebrovascular), de sensaciones de calor, de visión borrosa y, en ocasiones, de algo que es sumamente aterrador y te deja noqueado por completo: la desrealización. Es una sensación vaga, como de ver por un túnel, y de sentir que eres espectador de lo que está sucediendo, como si no fueses tú, como si estuvieras flotando o soñando. Los sonidos se amortiguan. Las palabras de los demás te llegan de forma confusa. Ves luces o te molesta la luz, y una angustia imposible de describir te inunda.

Ataque de pánico o de ansiedad, tanto da que da lo mismo. Pero que marca un antes y un después.

Comienza la huida. Quien sufre este golpe descargase queda tan impresionado con él que empieza a temer el bis. El sistema nervioso se altera de tal forma que vives pendiente del más mínimo síntoma que sugiera su vuelta. La visión borrosa no se va. El mareo por lo general tampoco. Empieza un peregrinar de médicos para tratar de encontrar una causa a lo que te sucede que siempre es parcial, porque cada vez refieres algo distinto. En tu alrededor no comprenden bien lo que te sucede. En algunos casos no se lo toman en serio, o supone una fuente de molestia escuchar el relato de tus cada vez más extraños y diferentes síntomas, y lo pendiente que estás de ellos. Y la bola de nieve va engordando.

Las consecuencias son muy diversas. Desde vivir en un estado de continua alerta, que genera conductas como la ansiedad generalizada o la hipocondría (miedo a las enfermedades o excesiva preocupación por los procesos fisiológicos), hasta la progresiva retirada del mundo para evitar la situación estresante, que conduce a la agorafobia. Y un sinfín de manifestaciones intermedias, como las fobias (miedo a subirse en un autobús, a perder el control de uno mismo, a contaminarse, etcétera), o la bulimia, por poner algunos ejemplos.

El sueño no suele ser reparador, e incluso puede verse afectado cuando la ansiedad lleva meses de desarrollo y muta de forma. Si se consigue controlar por el día puede aparecer de noche, en forma de bombardeo de pensamientos o despertares muy desagradables, acompañados de más sensación de desrealización.

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