Cuando el enemigo eres tú (V)


¿Cuál es el detonante habitual de la ansiedad?

images (11)Por lo general, el Miedo. El miedo a no ser suficientes. El miedo a la soledad. El miedo a no ser lo que los demás esperan de nosotros. El miedo a fracasar. El exceso de preocupación por uno mismo. El miedo a la vejez o a la muerte. Hay muchos que se resumen en uno solo. En esas condiciones, y afectados por las impresiones externas e internas de las que hablamos antes, se va creando un caldo de cultivo que acaba por estallar. Y lo hace en forma de ansiedad porque somos especialistas en negarnos a nosotros mismos, de tal manera que, en ausencia de reconocimiento de la mente, es el cuerpo el que se encarga de dar la voz de alerta.

Aunque somos mucho más que eso, la naturaleza de nuestro chasis es enteramente animal. Una de las consecuencias del bipedismo fue que, al no ser el proto ser humano ni el más veloz, ni el más fuerte, ni el más ágil, ni poder volar o hacer un agujero en tierra para esconderse, sus mecanismos de alerta tenían que posibilitarle la mejor de las huidas en el menor tiempo posible. Por eso, ante un estado de peligro inminente, los músculos del cuello se tensan, la vista se enfoca en el punto más importante, la frecuencia cardiaca aumenta y se deriva el volumen de sangre a los centros más importantes para la escapada. Por eso, cuando el mecanismo se dispara en ausencia de peligro real, en forma de ansiedad, esas respuestas físicas lo que hacen es aniquilarnos, huidaen lugar de ayudarnos. El mareo proviene de la acumulación de sangre en la cabeza. Los escalofríos, de la tensión de los músculos; la visión borrosa, de la concentración del ojo, y así un largo etcétera, pero en pésimo funcionamiento y consumiendo recursos inútiles, porque es nuestra mente la que ha confundido al cuerpo y lo ha activado cuando no era necesario.

Somos un compuesto de cuerpo, mente y espíritu. Cualquier desequilibrio en uno de ellos conduce a consecuencias en los demás. En el caso de la ansiedad, el desequilibrio se produce en nuestro cuerpo mental: es nuestra propia exigencia, o la presión exterior, la que hace que nuestra mente se vaya agotando poco a poco, de tal forma que cuando viene el primer golpe no lo vemos venir porque no asociamos el efecto con la causa. Y como no lo hemos identificado correctamente, se plasma en nuestro cuerpo físico. Todas las sensaciones que hemos recogido antes, y muchas más (seguro que tantas como personas existen) no son más que el altavoz por el cual salen al exterior, como en una erupción, nuestros materiales internos mal digeridos.

En algunas ocasiones excepcionales, el golpe lo originan otros factores. Desde un trauma hasta el consumo de sustancias estupefacientes o psicotrópicas. En este último caso la causa radica en que el abuso de drogas hace que afloren a la mente los fantasmas enterrados en ella, y lo hacen de una forma brusca y sin preparación previa. Un motivo más, por si no hubiera muchos de por sí, para abandonar su consumo o evitar caer en él.

miedoUna vez que viene el primer golpe, el miedo inicial se transforma en un Miedo al Miedo. Miedo de que me vuelva a suceder lo mismo. Miedo a morir por ello. Miedo a volverme loco, incapaz o hacer daño. Y se convierte en la pescadilla que se muerde la cola. Las sensaciones físicas desagradables alimentan la producción o el mantenimiento de más sensaciones que se cronifican, que se hacen permanentes. Por lo general a estas alturas el médico ya nos ha encalomado las pastillas correspondientes, que vienen a sumar al cuadro general un estado de narcotización que comienza a interferir en las actividades cotidianas. Medicación a la que no voy a oponerme, pero que por propia experiencia considero más un paliativo fácil que una solución real al problema.

La ansiedad puede vestir otros ropajes, en agorafobiaforma de fobias (especialmente la agorafobia), trastornos obsesivo compulsivos o fobia social. Las primeras centran la alerta no en un compuesto heterogéneo de factores, sino en uno solo. La agorafobia suele entenderse como miedo a los espacios abiertos, pero en general afecta a cualquier actividad que se desarrolle fuera del ámbito seguro del hogar. No tiene que manifestarse sólo como el temor a ir a un centro comercial: puede darse a conocer también en otras modalidades, como tener miedo a viajar en un transporte público, a pensar que se va a enfermar en un lugar en el cual se cree que no va a recibir ayuda, a no poder controlar las necesidades fisiológicas,… un largo etcétera, pero derivado siempre de la ansiedad como causa primera, y con el sentimiento de indefensión como principal generador de ésta.

mejor imposibleEl trastorno obsesivo compulsivo (alias TOC) es muy similar, aunque tiene un grado de distinción. Aquí el objeto de la ansiedad, más que el entorno, es el propio pensamiento. Surgen las obsesiones (ideas repetitivas ante las cuales se piensa que no se tiene control y que son, de alguna manera, externas e invasivas en la mente) y como consecuencia las compulsiones para tratar de reducir la ansiedad que generan y para eliminarlas. Ejemplos claros son las personas que siguen pautas para ordenar las cosas o las que manifiestan una preocupación obsesiva por la higiene que les lleva a meticulosos procedimientos de desinfección, entre otros.

Por último, la fobia social no se centra en el fobia socialobjeto de la ansiedad, sino en los sujetos que se cree pueden percibir la misma. Se tiene miedo a las reuniones sociales, a hablar en público, a ser criticado o humillado, a que terceros conozcan sentimientos, conversaciones o pensamientos, o incluso a comer, beber o evacuar en público.

Según yo lo percibo, estos últimos trastornos son facetas distintas de un único mal, que es la ansiedad, en general. Varían el grado, el objeto o el sujeto, pero la causa frecuentemente suele ser la misma acumulación de daños que genera la primera, y por tanto no es infrecuente que aparezcan varios al mismo tiempo, y que el modo de solucionarlos sea el mismo.

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