Desvinculándose del apego


En los últimos tiempos he aprendido a no echar la vista atrás, pero en las pocas veces que lo hago –generalmente, cuando acabo mi sesión de meditación- contemplo en retrospectiva mis modos de funcionar y mis vivencias. Y una de las más repetitivas fue mi excesivo apego por personas, situaciones y hasta objetos.

El Shakyamuni decía que “el mundo está lleno de sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el apego a las cosas. La felicidad consiste simplemente en dejar caer el apego de cuanto nos rodea”. Y el Maestro a su vez nos hacía una invitación clara: “dejad que los muertos entierren a sus muertos, y tú ve y anuncia el Reino”.

A cuántos muertos nos aferramos…

apego1Nos aferramos a relaciones pasadas, aquellas que no vuelven o, al menos, no lo hacen ni en el tiempo ni en el modo en que lo esperamos.

Nos aferramos a nuestras amistades, exigiéndoles, en ocasiones, más de lo que pueden dar.

Nos aferramos a la juventud, a la facilidad de la vida del niño y del adolescente.

Nos aferramos a las posesiones materiales, a la vida cómoda, a la expectativa de un trabajo que libere nuestros problemas, aun a costa de quitarnos el tiempo, que es más valioso que el oro.

Nos aferramos a las modas, a la estética, a la renuncia al pensamiento, a dejar que otros nos dirijan.

Nos aferramos a nuestros patrones negativos, a la depresión, al complejo, a la duda y a la enfermedad.

Nos aferramos, en fin, a la cadena que nos aprisiona en una vida que no es la que queremos vivir, pero con la que nos conformamos por miedo a buscar otra más auténtica.

En nuestra naturaleza trina (cuerpo, mente y espíritu) apego3el apego tiene consecuencias en nuestras tres esferas. En la esfera corporal, a través de patrones y enfermedades. Si pensamos demasiado en el pasado tendremos problemas gastrointestinales (el aparato digestivo es sensible al Tiempo), articulares, o incluso a desarrollar tumores (que a veces son la plasmación de un dolor pasado o un rencor no resuelto). En la esfera mental, en forma de ansiedad y depresión. Y en la esfera espiritual como desaliento, alienación y sensación de vacío.

Desapegarse no consiste en volverse, de repente, insensible, sino en separar los buenos actos del espíritu de sus consecuencias, especialmente de aquellas que no nos satisfacen. Si hemos amado, debemos sentirnos orgullosos y afortunados por haberlo hecho, y dejar a la persona amada continuar su vida si es que decide no estar más en la nuestra. Si nos han herido, en abandonar todo sentimiento de revancha, porque hasta la última acción, aunque sea negativa, tiene un porqué que alguna vez comprenderemos. Si nuestras circunstancias cambian, agradeciendo la oportunidad de haberlas vivido, y dejando espacio para que el vino nuevo tenga un odre nuevo. Si pensamos que nuestra conducta no ha tenido ninguna recompensa, desvincularnos de esa acción, pues su desarrollo siempre tiene un resultado, aunque no sea el esperado.

apego3Desapegarse. Renunciar a la cáma muelle y a la vez opresiva que es la continuidad, el rédito a las buenas acciones, el justiprecio exigible al amor o a la dedicación, el buen nombre, el recuerdo de los demás, el éxito, la fama, el dinero o la belleza.

Empresa compleja. Pero no imposible.

 

 

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