Vínculos y cadenas


El día que perdemos la capacidad de sorprendernos con todo lo que nos pasa, nos hacemos viejos.

En los últimos días he reflexionado mucho acerca de la naturaleza de los lazos que nos unen. Concluido mi proceso de sanación interna, he hecho inventario de cuántas relaciones (de amor, de amistad o sus derivados) han pasado por mi existencia, y cuál ha sido su impacto en ella.

unión místicaHe encontrado relaciones de auténtico hermanamiento. Relaciones que a pesar de los años se mantienen incólumes y frescas como el primer día.

He encontrado relaciones circunstanciales, de varios días, semanas o meses. Incluso de años, que por intrascendentes no han dejado ninguna huella.

He encontrado relaciones de interés. De necesidad. De competencia laboral. De autoayuda en dos direcciones (mía hacia otros y de otros hacia mí).

Y he encontrado cuatro relaciones sentimentales que nunca debieron llamarse tales si mi nivel de evolución personal hubiese sido el que debía de ser en cada uno de los momentos en que se produjeron.

Lo que sí que he podido comprobar es la no localidadnaturaleza de los lazos que nos unen. Tiempo atrás leía a Gregg Braden y su concepto de Matriz Divina, y cómo todo lo que nos rodea, a semejanza del Mäyä de los hindúes, es una pura apariencia que esconde detrás una red, invisible pero perceptible. Y reflexionando sobre ello, y sobre la vacuidad, estoy llegando a la conclusión de constatar, entre sorprendido y abrumado, que una vez nuestro ser se une al de otras personas, por intrascendentes, absurdos o casuales que puedan ser esos vínculos, permanecen hasta la eternidad.

Tiene mucho sentido: si vivimos entretejidos en una red no-local, a pesar de la apariencia material del mundo, en algún momento nuestros elementos constitutivos fueron energía unida a la energía de los otros. La ficción del tiempo y el espacio separa esa energía y la condensa en materia, pero cuando se vuelve a unir, del modo que sea, la conexión permanece y es instantánea.

Reflexionar sobre ello lleva a otra reflexión aún más ardua: el cómo mantener el equilibrio cuando ese conocimiento nos lleva a comprender que cualquiera de nuestros pensamientos, acciones o expresiones actuales influirá, de una forma nuevamente no-local, en las vidas de aquellos con quienes hemos compartido un trozo de nuestra existencia. Y de ahí a la importancia de que ese pensamiento sea positivo y no albergue jamás deseos de revancha, dolor, ira, reproche, venganza o miedo.

cadenaCuando eso sucede, no existe vínculo. Existe una cadena que nos ata, a través del apego, a una ficción de los demás irreal, a una plasmación de nuestros propios estados del ser en carne ajena.

Y sobre eso queda mucho, mucho que pensar…

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