Jonás y la ballena de acero


Se llama Jonás.

boca de metroLo encontré ayer, en las escaleras de entrada a la estación de Metro de Puerta del Ángel.

Casualidades (o no) de la vida. Estaba esperando a una persona. Jonás se acercó y me pidió algo de dinero para comer. No había probado bocado en todo el día, y su casa le quedaba lejos. Por Acacias, creo recordar.

El aparente y cansino gesto de sacar la cartera y dar un poco de eso que nos sobra —algo que hacemos de forma mecánica y casi sin pensar, como excusándonos de nuestra bonanza y queriendo compensar de alguna forma lo afortunados que somos en relación a otros que no tienen la misma suerte— dio lugar esta vez a una charla de persona a persona. Le quitó el rostro de la indiferencia y el anonimato a una persona con una vida muy interesante. Digna de ser contada, y eso es lo que estoy haciendo hoy.

Porque Jonás no es una persona común. En su Sierra Leona natal trabajaba en los muelles de un puerto. Y un día su ansia de viajar y de buscar una vida mejor lo llevó a ocultarse en uno de esos grandes contenedores que transportan los barcos de mercancías y abandonar su casa y su familia. Viajó a Japón, y de allí, en otro contenedor, vino a España, hace más de veinticuatro años.

En Sierra Leona lo dan por oficialmente muerto.

Mientras compartíamos un cigarro, Jonás me Jonáscontó la historia de ese otro Jonás, el personaje bíblico, que huyendo de su propio destino se embarcó en un navío rumbo a Tharsis (la Tartessos histórica). Para calmar una tempestad los tripulantes del barco echaron a suertes, y la suerte cayó sobre él. En las aguas Jonás fue tragado por una ballena, que lo llevó a Nínive, a cumplir con su Dharma, con lo que Dios quería para él.

Las similitudes me parecieron apabullantes. No hubo estómago de ballena, pero sí estómago de acero. Jonás se embarcó para cumplir con su propio destino, a miles de kilómetros de su casa y sin saber qué le deparará cada nuevo día, dónde dormirá o con quién se encontrará. Y en ésas está.

El sueño de Jonás es ser cantante en un grupo. Estuvimos hablando un buen rato sobre música, sobre el negocio y sobre las posibilidades de medrar en él. Sobre su hermano médico en Inglaterra que no sabe ya ni que existe. Sobre la vida.

Cuando llegó la persona a la que estaba esperando se llevó la mano al pecho y yo me llevé la mía al mío, y nos despedimos.

Tal vez nunca volvamos a vernos.

desconocidoNos perdemos a las personas por no tener la paciencia de pararnos y conocerlas como son realmente. Llevamos puesta una especie de anteojera emocional que nos impide atisbar en los recovecos del alma, que es donde realmente se encuentra el Ser. Olvidamos con facilidad los buenos momentos, y a las personas que nos aprecian, o que hemos apreciado. Consumimos relaciones. Abusamos del prójimo. Y Jonás se encuentra a la vuelta de la esquina, o en la boca de cualquier suburbano. Nínive es nuestro mundo prefabricado, en el que tenemos que vivir pero que podemos transformar, a fuerza de convertir cada encuentro, cada recuerdo o cada oportunidad en algo con lo que crecer y hacer crecer a los demás.

Es preciso rebelarse ante tanta cataplasma emocional como nos ponemos. Con la excusa de no sufrir, nos impedimos Vivir.

Y la vida consiste precisamente en eso.

 

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