Cuando el enemigo eres tú (I)

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias,
sino para los hombres, pero si los hombres
las sienten demasiado, se vuelven bestias:
vuestra merced se reporte, y vuelva en sí,
y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte
y muestre aquella gallardía que conviene
que tengan los caballeros andantes.
Miguel de Cervantes

images (2)Resultaría muy sencillo transmitir a todos aquellos que nos conocen  —incluso a quienes no lo hacen— una imagen de nosotros mismos idílica, superficial y que sólo mostrase nuestros puntos fuertes y lo saludables y estupendos que estamos. En esta sociedad en la que vivimos, en la cual los enfermos ocultan sus enfermedades, vemos el tránsito hacia la muerte como algo artificial de lo que hay que desprenderse cuanto antes, y hasta las manifestaciones de sentimientos tan básicos y naturales como la tristeza están mal vistos y son perseguidos como debilidad, molestia o cansancio para los que nos rodean, hablar de aquello que nos duele es un punto como poco crítico, y sin embargo necesario, atendiendo al número cada vez mayor de personas que lo padecen.

Al habernos desnaturalizado con respecto a nuestro entorno nuestros problemas se han ido enmascarando, generando a su vez otros adicionales derivados no solamente de la causa primera que los engendra, sino también de la lucha titánica en que nos empeñamos por defendernos de ellos, tanto frente a nosotros mismos como ante aquellos a quienes queremos, con quienes trabajamos o en general ante los que nos tenemos que presentar.

Sería muy fácil, como digo, ocultar todo eso. images (1)Incluso para mí mismo, que llevo cuarenta entradas publicadas en este blog, lo cómodo sería aparentar ser un superhombre al estilo Nietzsche que está por encima de cualquier vaivén vital. Es estupendo que le digan a uno lo majo que es y lo mucho que gustan sus escritos, y el mejor modo de mantener un status de escritor putativo es contar pocas cosas que vayan en contra de la imagen virtual que inevitablemente se crea al hacerlo. Sencillo, pero artificial. Y como el propósito primero aquí es desnudar el alma, y después que ese destape tenga alguna utilidad para los lectores, en los próximos artículos vamos a tratar ese tema callado que sin embargo está tan presente —puede que incluso en vosotros también— en nuestras vidas o en las de nuestras personas queridas.

images (3)Me refiero, claro está, a lo que yo llamo las enfermedades del cuerpo mental, y que vosotros, si queréis, podéis llamar ansiedad o depresión, que para el caso es lo mismo. Y no lo hago de oído, sino por haberlas experimentado en un largo proceso que ha tenido sus picos. Verdaderamente quiero hablar sobre este tema porque sé de primera mano lo duro, y lo difícil que es, para aquellos que las sufren ser primero conscientes de que se tiene un problema de esa índole, y después pedir ayuda para solucionarlo, por no hablar de los trastornos colaterales que inevitablemente se desarrollan durante esta etapa.

En todo este camino he querido reflexionar cuál es el itinerario que siguen, tanto el que yo usé en su día para poder combatir sus efectos como después, una vez recuperado, el que me permite poder ayudar a otros a que superen el trance de la mejor forma posible. Trataré de darle una forma estructurada y, esta vez, me gustaría que si os encontráis en esta situación, o conocéis a alguien que pueda estar atravesándola, invitéis a quien lo precise a que las lea o incluso comparta sus experiencias.

Creo que todos podremos sacar algo positivo al hacerlo.

Primera parte:
La tarde anterior

Causas internas

Decía El Kybalión;

Toda causa tiene un efecto y todo efecto tiene una causa; todo sucede de acuerdo a la Ley, y la suerte o el azar no es más que el nombre que se le da a la Ley no reconocida.

Y es cierto. Aunque no del modo que se nos presenta habitualmente.

Nuestro propósito último al venir a este descargamundo consiste en Vivir, simple y llanamente. Pero vivir no es un acto pasivo; por el contrario, nuestra participación activa es fundamental para exprimir a cada situación, a cada persona o a cada sentimiento su significado real. En ese fluir es inevitable que tengamos que experimentar dolores y hechos desagradables, cada uno el suyo. La soledad, el maltrato, la traición, el desamor, la exigencia, la pobreza o necesidad, la incomprensión, la enfermedad, la muerte, la vejez,… tantas y tantas cosas que nos hacen ser lo que somos. Y sin embargo, por motivos que muchas veces se nos escapan, nuestra fuente de la memoria hace que primemos estos sentimientos por encima de la alegría, el placer, la serenidad o todo aquello que viene de positivo en cada día de nuestra existencia. Frecuentemente, además, el recuerdo queda desnudo de significado y enseñanza, bien sea por el tiempo transcurrido, por nuestra propia negación de su significado o simplemente porque lo convertimos en algo pasivo, en algo que nos sucede, aparentemente por azar o por predestinación, y no en algo en lo que participamos, que sería lo sano y deseable.

Tristezas tenemos todos. Si bien desigualmente repartidas, tarde o temprano todos pasamos por los mismos estadios que los demás, por mucho maquillaje o perejil que le pongamos para disfrazar el sabor. Y sin embargo, no todos reaccionamos igual ante ellas.

¿Por qué?

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Las Diez Decisiones (y II)

QUINTA.- BUSCARÉ LA AUTENTICIDAD, PROPIA Y AJENA.

autenticidadTrataré de ser coherente en todos mis actos, palabras y omisiones. Y solicitaré de los demás un comportamiento similar. Aprenderé a valorar los hechos por encima de las palabras, las realidades por encima de las quimeras y los gestos por delante de las promesas. Aprenderé a no valorar a alguien por cómo se comporte conmigo, sino por aquello que puede ofrecer de sí mismo, tanto a mí como a los demás. Y no consentiré que el equívoco, la incongruencia o la apariencia nublen mi vista y me confundan.

Sólo me valdrán las relaciones auténticas. De amor, de amistad, de compañerismo o de servicialidad, enfocadas en el respeto a mi propia persona y a la del otro, pero sin caer en confusiones fruto de la necesidad, la imaginación o la expectativa. No idealizaré a nadie ni seré enfermero de nadie a menos que me lo pida. No consentiré para mí aquello que nunca haría con los demás, y valoraré en consecuencia la mentira, la superficialidad, la flojedad de espíritu, la omisión y la desgana como lo que son: la realidad de que el camino de esas personas y el nuestro propio no están destinados a durar en el tiempo.

Preferiré siempre lo sencillo a lo excesivamente elaborado o condimentado, que suele ocultar posos en el fondo.

SEXTA.- ENFOCARÉ MIS PASOS AL SERVICIO REAL

servicio a los demásMi trabajo, mis aficiones y todo aquello que soy lo destinaré a cumplir mi visión vital y a mejorar la vida de los demás. No aceptaré trabajos que vayan en contra de ese enfoque, ni consentiré injusticias para el hermano. Aprenderé a lograr que cada uno de mis actos no dependa de un resultado, sino que se agoten en la misma acción, y a no pedir nada a cambio con mi actitud o esfuerzo, más allá del necesario para procurarme el sustento, en los casos que proceda.

Aprenderé a ver la realidad también con los ojos del otro, para poder conocer sus necesidades y poder ponerles remedio sólo si esa persona desea que así sea.

No especularé. No consumiré aquello que no necesite. No agotaré innecesariamente los recursos de la Tierra. No dañaré a ningún ser vivo si no es estrictamente necesario. Racionalizaré mis consumos, y trataré que todos y cada uno de mis actos vayan encaminados a mejorar el Mundo, partiendo desde lo más sencillo y lo cercano. Quien salva una vida salva al mundo entero.

SÉPTIMA.- ME ALEJARÉ DE CUALQUIER FORMA DE IDEOLOGÍA

ideologíaRenunciaré no sólo a emitir juicios políticos, sino a toda forma de participación activa y pasiva en cuestiones de orden político o ideológico. No militaré en ningún partido político ni renunciaré a mis propios principios por sentirme partícipe de ningún grupo o entidad superior. No juzgaré a las personas por sus ideas, especialmente las que colisionen con las mías propias, sino que aprenderé a ver aquello que nos une, y no lo que nos separa.

Eliminaré de mi vida todas aquellas noticias, actividades e interacciones que perturben mi paz interior y me conduzcan al extremismo, a la confrontación o a la discrepancia estéril con el otro. No participaré de un sistema en el que no creo, y trabajaré para las personas, con independencia de siglas, credos o ideas.

Renunciaré a ser un número, y tampoco trataré a los demás como si lo fuesen.

OCTAVA.- CULTIVARÉ MIS TALENTOS PARA DARLES FRUTO

talentoTrataré de aprender cada día un conocimiento nuevo. Trataré de mejorar en aquellos puntos en los que ese conocimiento sea imperfecto o tenga algún tipo de condicionamiento o carencia. Cultivaré el propósito firme de ser autodependiente en todos los aspectos de mi vida, y no necesitar la ayuda de terceros más que en los casos en que así sea necesario.

Tendré vocación de discípulo en aquello en lo que otro tenga más conocimientos que yo, y trataré de aprender para poder después ponerlo a servicio de otros.

No seré perezoso ni pensaré nunca que algo no se puede hacer hasta haberlo intentado con todas mis fuerzas.

Pondré mis conocimientos al servicio de los demás, y trataré de lograr que esas personas a su vez los transmitan a otros, para ampliar la cadena y lograr de ese modo un mundo más justo.

NOVENA.- NO RENUNCIARÉ NUNCA A MI PROPIA ESENCIA

esenciaNo me guiaré jamás por mi propia percepción acerca de mi físico, mis capacidades o el juicio o valoración que otros hagan sobre mí. No quebrantaré mis principios éticos bajo ninguna circunstancia, aunque de esa vulneración pudiera suponerse un beneficio, o de seguir el dictado de mi propia conciencia un perjuicio.

No vestiré disfraces. No comulgaré jamás con ideas que vayan en contra de la defensa de la vida, la dignidad o el respeto al otro. No aceptaré recompensas ni beneficios para mi persona. Daré gratis lo que a mí se me ha dado gratis.

Elegiré siempre decir la verdad y buscar la verdad, aunque ésta duela o desmonte mi presente. No viviré de mentiras generadas por mi propia mente. Aprenderé a ser capaz de decir no cuando sea necesario, y de marcharme cuando mi camino haya terminado en un lugar o circunstancia concretas.

No comprometeré jamás mi dignidad, ni dejaré que nadie la destruya.

DÉCIMA.- SERÉ COPARTÍCIPE DE MI PROPIO DESTINO

destinoAprenderé a ver las consecuencias de todas las decisiones anteriores como parte del orden que yo mismo decidí una vez. No buscaré hechos, relaciones o sucesos, sino que dejaré simplemente que sucedan, en paz y buscando el modo de aprender, de vivir y de hacerlo con alegría.

Viviré como si fuese a morir mañana, pero no sometido a la tiranía de los placeres o la vida fácil. Viviré como si de mi acción de hoy dependiese el futuro del mundo mañana. Aprenderé a creer en la realidad de que todo se construye de acuerdo a mi propia fe, y de que lo que me rodea no existe como casualidad, sino como Causalidad.

Si tal como es abajo es arriba, aprenderé a crear con mis sueños y mis hechos una vida mejor, un futuro mejor y un fin mejor.

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Las Diez Decisiones (I)

Se marcha 2013. La rueda de la existencia ha girado otro diente.

Ha sido quizá el año más duro al que he tenido que enfrentarme. Si de él tengo que hacer un balance, creo que el más importante es que he descubierto, por fin, las sincronicidades que existen en mi vida. Las cosas que me han traído dolor se han repetido, en un calco exacto, a las de ocasiones anteriores, tanto como para darme cuenta de que siguen un patrón del cual aún no conozco la respuesta. De lo que sí estoy seguro es que tienen un mensaje implícito, y que han dependido, en buena medida, de mis propias vibraciones internas.

Se atraen situaciones o personas acorde con el propio estado interno de uno, y con su propia misión vital. Si nada es casualidad tampoco lo es su venida y/o marcha. Falta saber cuál es la enseñanza, aunque estoy en vías de descubrirla.

La reflexión callada a la que me he visto sometido ha ido perfilando diez motivos, diez encuentros de cambio que hoy, como despedida a este año que se cierra, quiero compartir con todos aquellos que permanecéis, y lanzarlos al aire para aquellos que no están ya.

LAS DIEZ DECISIONES

PRIMERA.- LA MEDITACIÓN FORMARÁ PARTE DE MI DÍA A DÍA DE FORMA DEFINITIVA.

meditaciónNo hay nada más importante que la paz de espíritu. El equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu es fundamental para andar estos caminos de forma coherente. Las enfermedades, la depresión, la ansiedad, el stress, la tristeza, el agotamiento o la negatividad obedecen a un desarreglo entre las partes que conforman nuestro ser. Pararse a pensar, buscar en el silencio y mantener una correcta higiene emocional eleva nuestra frecuencia y la convierte en nuestra mejor herramienta para cumplir nuestro Dharma, nuestra misión en este mundo.

No cederé nunca al Miedo. Buscaré siempre la solución más serena. Aceptaré mis propias sensaciones físicas y respetaré mis tiempos de descanso, sin preocuparme de lo que sucederá. Mantendré una actitud positiva y de apertura hacia la Vida y el Mundo, sin renunciar a mi propia esencia interior y a mis pensamientos.

Eliminaré dependencias, adicciones y todo aquello que dañe mi cuerpo o mi mente.

SEGUNDA.- MI VIDA SE DESARROLLARÁ EN EL PRESENTE

vivir en el presenteVivimos sin vivir, de recuerdos, dolores y experiencias pasadas, sin darnos cuenta que aquello que se fue lo hizo por un buen motivo, y que si debe regresar no será por nada que dependa de nosotros. Lo sucedido debe ser motivo de aprendizaje y no de lamento, recreación o barrera. El tiempo es una variable que percibimos de manera errónea, pues todo está en todo, y el Todo en nosotros. Si no somos entes materiales, tampoco el fluir de los acontecimientos debe limitarnos. Somos pura potencialidad, tanto como seamos capaces de imaginar, y el pasado y el futuro elementos modificables y en perpetua mutación.
Entenderé mi existencia como una evolución, no como compartimentos estancos inmutables. Aceptaré la marcha de las personas queridas como una consecuencia inevitable de esa evolución, y elegiré sentir hacia ellas gratitud por lo que me aportaron, y no dolor por su ausencia.

Si el pasado ya se marchó, aprenderé a no guardar rencor ni cuentas hacia nadie. Aprenderé a perdonar, a dar nuevas oportunidades y a ver siempre al otro tal y como es ahora, y no como fue, o como espero que sea.

Del mismo modo me aceptaré a mí mismo, sin dolerme por los errores ni proyectar hacia el futuro situaciones, sentimientos o vivencias que no tienen por qué volver a suceder.

TERCERA.- PRACTICARÉ TODOS LOS DÍAS LA DOCTRINA DEL NO HACER

no hacerNo hacer no equivale a consentir, a permanecer inactivo o a ceder nuestra autonomía en manos de terceros. No hacer equivale a vivir cada hecho de forma global, viendo sus múltiples facetas, y a RESPONDER en lugar de REACCIONAR. La reacción nace del dolor y del Miedo. La respuesta, de la reflexión serena de nuestro espíritu. Los juicios, las confrontaciones, la agresividad, el insulto o el debate estéril son una pérdida innecesaria de energía que nos aleja de la paz interior y que sólo sirven para separarnos de la Unidad con lo que nos rodea.

No hacer significa dar a cada día su afán, dejar que las respuestas lleguen por sí solas y comprender que nuestra vida es un proceso que tiene sus propias reglas, y en el cual la solución siempre está dos metros más allá. Cultivaré el silencio como forma prioritaria de acción cuando las demás no sean posibles.

En ese no hacer enfocaré todos y cada uno de mis actos con mi mejor disposición de espíritu, de forma positiva y sin caer en la tentación del aniquilamiento emocional, la prisa, la tristeza o la compensación.

CUARTA.-ABRIRÉ LOS OJOS DE LA PERCEPCIÓN INTUITIVA

intuiciónAprenderé a Ver, en lugar de a Mirar. Aprenderé que aquello que nos sucede no es en sí mismo positivo o negativo, sino que cumple una función en nuestro ser, igual que alimentarnos o respirar. Aprenderé a ver con otros ojos a las personas y las situaciones, a eliminar la barrera de lo material a la hora de atender a las cosas del corazón o del espíritu, y a saber encontrar la correlación entre las sincronicidades que se manifiesten en mi día a día, mis sueños, mis expectativas y la realidad. Aprenderé a comprender que prácticamente todo depende del modo en que lo enfoque, y que la realidad, dentro de unas posibilidades, la creamos nosotros mismos.

Aprenderé a dejarme llevar más por la intuición y menos por la razón vacía de esencia.

Aprenderé a buscar en los demás aquello que no es visible a simple vista, su verdadera naturaleza, sin dejar que la convención, la expectativa, lo aprendido o lo enseñado perturben mi capacidad de valorar lo que de verdad es importante.

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El Proceso de la Presencia (III): Séptima Sesión

A lo largo de toda esta semana he trabajado intensamente la séptima sesión de El Proceso de la Presencia. Adelantándome casi hasta la octava, porque mis cuerpos (el físico, el mental y el emocional) van pidiendo más y más trabajo a medida que se desprenden de sus capas irreales y angostas.

Si puedo comparar a algo lo que he sentido en esta semana es al proceso de desnudez en presencia de alguien especial. Es como si te fueras desvistiendo hasta quedarte en los más puros cueros, y verte como eres realmente. La ficción del tiempo va cayendo como las prendas al suelo, y te vas quedando tú. Sin máscaras. Sin nebulosas blanquecinas o amarrillentas de recuerdos en algunos casos mohosos y en otros tal vez más recientes, pero no por ello menos irreales o ficticios.

Desnudo, pero sin sentir frío. Todo lo más, con cierto fresco, el que se correlaciona con la pérdida de calor del dolor y el malestar, que al ser expulsados van mutando y tratando de hacerse fuertes en otros lugares, pero ya sin la capacidad de agarre que antes tenían.

Antes.

Antes.

¿Existe el antes?

Cronológicamente (físicamente) no. Mentalmente, “tal vez”. Emocionalmente, sólo mientras uno le permite estar dando vueltas o aletear alrededor de uno.

Mi pequeño niño interior quiere salir del sótano y se está manifestando en detalles sorprendentes. Vuelvo a sentirme de nuevo a salvo en mi cuerpo, y ese niño al que no le presté atención la demanda ahora, en forma de situaciones y nuevas vivencias. Más espontáneas. Menos dramáticas. Me sorprendo a mí mismo sonriendo mientras viajo en autobús. Eso en mí, y en mi seriedad absurda, era impensable sólo hace unos meses. Me sorprendo teniendo pensamientos positivos, sintiendo las canciones (de nuevo) cuando las toco. Dejándome llevar sin pensar en el qué, el cómo o el cuándo.

Siguen apareciendo personas de mi pasado a la llamada de mi verdadero ser que empieza a emerger, como el liquen, entre la capa de hielo que se está deshaciendo a mayor velocidad que cubito de hielo sobre horno. Siguen manifestándose frutos. El lunes acudí a un establecimiento. Para variar, fui a la sección de libros. Normalmente, antes, siempre que pasaba por una libería o una papelería (o colmado asiático) sentía la compulsión (adicción) de comprar algo. Sin embargo, esta vez, ojeando los libros, me di cuenta de que ninguno representaba nada para mí. Mi alma no se sentía llamada a llevarme ninguno de ellos. Y entonces caí en el detalle y en la revelación de que a nuestro alrededor y en el momento presente hay que dejarse llevar por la intuición y el corazón. Hasta con la pura materia, que no deja de ser una extensión de nosotros mismos, pero no la única realidad.

Siento también que cosas que antes me dolían enormemente están dejando de importarme. Y esa sensación estúpida de ser una víctima de las circunstancias. En mi mundo no necesito revolucionar nada, pero el gobernador soy yo. Justo, ecuánime e imparcial, pero recto.

A cada día que pasa me voy desprendiendo de más ropajes. El tabaco ya me sienta francamente mal, lo que quiere decir que empiezo a no necesitarlo para controlar mis emociones, y que es muy probable que nuestra relación de amor-odio, que se inició formalmente a principios del mes de abril de 2003 en una plaza de Salamanca, esté próxima a terminar, una vez que aquello por lo que establecimos el vínculo está desapareciendo comido por la bruma.

De ahí, a soñar, ya sólo queda un paso.

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El Proceso de la Presencia (II): Sexta Sesión

Durante toda esta semana pasada me he dedicado a trabajar intensamente la Sexta Sesión del Proceso de la Presencia.

Entiendo que para no revelar Dramas (es decir, escenificaciones de procesos vitales que aún pueden estar dañados), así como para invitar a quien quiera unirse al Proceso, lo más conveniente es que no desvele el mecanismo ni las técnicas que se realizan en él. Será ésta una entrada, entonces, sobre mi propia vivencia a lo largo de la semana de trabajo.

He de decir que esta vez no me ha resultado fácil. El proceso de limpieza emocional llega en este momento, y en lo sucesivo, a su máxima expresión, como modo de trabajar la carga emocional negativa que hay en todos nosotros. El pasado y el futuro deben ceder su puesto al Instante Presente, y para ello debo desandar el Sendero de la Conciencia tal y como lo he vivido durante (casi) treinta y cuatro años. Ir de lo físico a lo mental, y de lo mental a lo emocional, no es nada sencillo, especialmente para personas como éste que escribe, que nos hemos acostumbrado a vivir en la esfera de los pensamientos y a funcionar como autómatas durante casi todo el día. Un ajeno, hace como mes y medio, me dijo que veía mi ser muerto, como con el piloto automático, y me dio mucho que pensar. Quizá por ello decidí embarcarme en esta historia. Quizá por eso el libro me llamó del estante. No lo sé…

Cuesta trabajo, para qué voy a engañar, asumir la propia curación de uno. No es fácil limpiar las heridas, sobre todo si son algunas que ni siquiera recuerdas.

Mi proceso vital está preñado de esos pequeños posos acumulativos. Guardo poco recuerdo de mi primera infancia, hasta los siete años. Quizá debería tener más vivencias en mi memoria, y seguramente por allí andarán, pero deben ir saliendo poco a poco, y no de manera física o mental, sino emocional, que es la más compleja y difícil de todas. Pero la única posible para ir allí donde la causa revela el daño, y poder integrarlo de raíz. Porque después sí hay material. Abundante…

Me he aplicado conscientemente a la respiración y he empezado a limpiar emocionalmente sucesos más o menos pasados yendo a las puras fuentes del dolor y del malestar. Pero he reservado el último de todos para el final. Como el Proceso es acumulativo, la limpieza continuará durante estas semanas. O tal vez meses, pero entiendo que es algo que no podía dejar pasar más tiempo para realizar.

Si algo me ha quedado nítido en estas seis semanas ha sido la cantidad de veces que he vivido fuera de mi cuerpo, en momentos futuros (los menos) y pasados (los más). Con razón muchas veces estaba como alelado o en mi mundo. No he tomado conciencia de mi propio cuerpo hasta ahora, y con ello mis achaques y adicciones han empezado a remitir. Pero hay momentos en que se exacerban. Mi cuerpo físico ya me va diciendo por dónde tengo que ir trabajando, y estoy sorprendido por los resultados. No somos ni medianamente conscientes del reflejo que tiene nuestra carga emocional negativa en nuestra vida cotidiana, la cantidad de efectos físicos que provoca. Casi todos los que no pueden achacarse a enfermedades graves, e incluso algunas de éstas, los provocamos nosotros mismos, con nuestras irresoluciones, con nuestras partes no integradas. Es casi como una colleja emocional. Yo así lo siento, al menos.

Todo avanza. Mis adicciones empiezan a remitir de una forma sana. Mi necesidad de sedación y de control también. Mis dramas ya se representan menos. Reconozco a los mensajeros pasados (algunos con nombres y apellidos), aunque tengo que entrenar más para reconocer a los que ahora mismo puedan presentarse. No me cuesta ya ningún esfuerzo conectar mi respiración y lo hago incluso fuera de los momentos preceptivos para realizarla, cuando me encuentro nervioso o tengo algún dolor o malestar físico, mental o emocional.

Como efectos, dos: el primero, que mi cuerpo empieza a rechazar la cafeína, y no lo refleja como malestar físico, sino mental, saturando mi mente a la hora de descansar. Leyendo el comienzo de El Universo Holográfico, de Michael Talbot, tuve que hacer una parada para centrarme y darle sosiego al cerebro. Mi mente se estaba llenando de conceptos y el estímulo de dos coca-colas lo noté vivamente. He decidido, pues, dejar de consumir definitivamente productos que la contengan. No creo que los excitantes sean necesarios para llevar una vida plena y activa, ni estar más en guardia. Eso se puede conseguir con más instante presente, estando donde debemos estar, que es AHORA. No me preocupa el perjuicio social que supone no pedir bebidas de ese tipo o el juicio que hagan los demás sobre ello. Llevo diez meses sin probar una gota de alcohol y no me considero un bicho raro por ello. Y, en todo caso, tampoco debe preocuparme la opinión externa.

El segundo de los efectos es que he avanzado más y mejor en mi celibato voluntario y riguroso, dándome cuenta de lo necesarios que son esos tiempos para un ser humano. En una sociedad materialista e hipersexualizada, parece que es tarea casi imposible tener esas vivencias. Nada de eso. Es sumamente sencillo y además ayuda a entender el amor físico de pareja desde una perspectiva emocional. Es al final una nueva inversión del Camino de la Conciencia: pasar de lo físico (la relación sexual esporádica, la propia o la que se hace por necesidad), a lo mental (comprender las causas de por qué hacemos eso y le damos al Amor tan poca categoría, así como el convencimiento de que así utilizado se convierte en una forma de sedación, entendida según el concepto del instante presente), para pasar a entender y exigir que una relación física sea una expresión completamente emocional para llegar incluso a lo espiritual.

Y darse cuenta uno de que en sus últimas relaciones el tema (por responsabilidad propia y ajena) no ha podido ir más allá de lo físico, y que por eso no las ha disfrutado plenamente. Ya no me vale el tomate de bote, intuyo.

Mañana activaré la séptima sesión, y continuaré neutralizando la carga emocional negativa. El Proceso llega a su segunda fase y a su punto álgido, en esta primera vez que lo recorro. Nn puedo decir que no está siendo trascendente, porque estoy cambiando y lo noto. A veces me da hasta miedo, pero es otro malestar que cede enseguida…

PD: Dedico el esfuerzo de toda esta sesión a la nueva criatura que está en este mundo desde el lunes, y a la feliz mamá que a partir de ahora asume la responsabilidad de hacerle una persona feliz. Tu dicha es la nuestra, hermana.

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El Proceso de la Presencia (I) Sesiones Primera a Quinta

Llevo varios meses apartado de la escritura activa. No sólo en este blog. En prácticamente todos los lugares que frecuentaba antes me he impuesto un silencio, uno de esos períodos en los cuales, por así decirlo, “desaparezco” a los ojos del mundo.

Esas moradas nada tienen que ver con enfermedad, aislamiento y huida. Son los períodos que aprovecho para hacer reformas.

Los dos últimos años de mi existencia han sido un período revolucionario. Con grandes altibajos que han removido todos los cimientos de mi existencia para dejarlos tambaleantes y con necesidad de encofrados nuevos. No voy a decir que han sido fáciles, porque todo lo contrario. Cayeron los viejos muros y empezaron a edificarse otros nuevos, pero que se derrumbaron también muy pronto. Excesivamente pronto. Con toda la enseñanza que ello conlleva, inevitablemente. Han sido años convulsos, de precariedad laboral, de lucha entre los diferentes aspectos del Ser, y con idas y venidas de personas cuyo mensaje aún necesita una revisión desapasionada.

El proverbio dice que “Cuando el discípulo está listo, aparece el Maestro“. No ha sido casualidad esta vez tampoco que a la decisión consciente de emprender un camino de renovación se hayan adelantado hechos que han provocado una gran conmoción en mí. Viene a ser, intuyo, la avanzadilla de la tropa, el detonante para obligar a uno a renovarse. Casi treinta y cuatro años de existencia dan para mucho. Para grandes aciertos, pero también para errores enormes, y para que en algún momento uno se plantee la inevitable necesidad de conjugar en el mismo tiempo el Ser con su Forma.

En éstas, cayó en mis manos el libro de Michael Brown llamado “el Proceso de la Presencia“. O casi puede decirse que vino a buscarme, no diré la circunstancia concreta. El hecho cierto es que una vez leídas las primeras páginas supe que ahí había algo necesario, otra de esas causalidades de las que solemos hablar.

Un proceso para vivir el Instante Presente en Diez Etapas, que empezó para mí a las faldas de Cabo Cope, hace más de un mes, y que todavía continúa, porque a la fecha de hoy estoy por activar la sexta sesión del proceso.

Si hay algo que me ha llamado la atención poderosamente desde que estoy sumergido en el Proceso es la cantidad de afinidades que encuentro en él y cómo me interpela a cada paso. Las personas que me conocen saben que, debajo de mi aparente calma se esconde un ser inquieto, nervioso y con multitud de surgencias que buscan la luz. De una forma u otra. De manera tranquila o con detonaciones estrepitosas. Pues la primera cualidad que he hallado al retornar a mi Presencia ha sido calmar esa ansiedad vital, y empezar a equilibrar mis cuerpos físico, mental y emocional. Buena falta hacía.

De ellos, puede decirse que el que más desarrollé siempre fue el segundo. En detrimento de los demás. Vivir en el Pasado y en el Futuro comporta una inevitable carga adicional de pensamiento que acaba agotándolo a uno. El primero en resentirse fue el cuerpo físico, hace varios meses. Después, el emocional, tocado como está, ha descubierto las causas aparentes de su malestar y desarmonía. Razón de más para atravesar las primeras sesiones con innumerables deja vu y partes duras, que he logrado sobrepasar.

Al mismo tiempo, han empezado a suceder cosas extraordinarias. Gente de mi pasado ha vuelto a irrumpir en mi presente. Mi cuerpo, por arte de magia, está empezando a rechazar el tabaco, algo impensable sólo hace unos meses, y que provoca que en la actualidad mi consumo de cigarrillos sea aproximadamente la tercera parte de lo que era. He empezado a contemplar una nueva dimensión de las personas como Mensajeros, en lugar de como agentes de mi virtud, mi felicidad o mi desgracia. Y tengo el pálpito extraño de que los cambios no han hecho sino comenzar.

Durante este proceso estoy limpio de consumo de bebidas alcohólicas, para purificar el cuerpo, y en fase de ascetismo riguroso, para purificar el emocional.

Ya os contaré. A partir de hoy, escribiré mis sensaciones con las últimas cinco sesiones de este primer viaje a la Conciencia plena, y cuáles son los resultados. Después de ello, tal vez, reanudaré mis antiguas vocaciones. Pero estoy convencido de que será en otra cualidad y con mi verdadera persona a flote.

Necesitaré vuestro apoyo. Estamos todos conectados. Deseadme suerte.

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Santiago en el corazón

Beyond the door, there’s peace, I’m sure
And I know, there’ll be no more tears in Heaven

Eric Clapton
lazo

Llevo más de tres meses sin escribir una sola línea en este blog, por motivos que no vienen ahora al caso. Empecé a escribir un libro que he dejado parado en la mitad de su redacción porque entiendo que ahora no es el momento de terminarlo, hasta que interiorice y comprenda bien los conceptos que quiero expresar con él.

Sin embargo, hoy retomo con esta entrada Salitre y Tormenta, a raíz de un suceso que me ha conmovido especialmente y que no puede dejar indiferente a nadie. El accidente del Alvia Madrid-Ferrol en Santiago de Compostela del 24 de julio será una fecha que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad no olvidará jamás.

Algo sobre lo que me nace escribir.

Hasta el momento de redactar estas líneas, 79 fallecidos. Una cifra bestial, lúgubre. Siniestra. Porque detrás de cada uno de esos dígitos hay no sólo alguien cuya trayectoria vital acabó antes de tiempo. Hay familias, amigos, vecinos. Hay parejas de novios que viajaban juntos. Hay familias que iban a celebrar un bautizo. Hay madres que no podrán abrazar más a sus hijos. Hay, y habrá, siempre un hueco en aquellos que se quedan, para tratar de olvidar lo que el inesperado Destino, en menos de un minuto, se llevó. Pero no para olvidar a quienes se marcharon, porque eso jamás sucederá.

Nuestra forma de ser y actuar nos hace pensar, muchas veces, que somos inmortales. Guardamos rencores, afeamos conductas, nos ponemos la mar de exquisitos. Disputamos por auténticas absurdeces que en la mayor parte de los casos tienen una solución muy sencilla. Vivimos pensando que aquellos a quienes amamos, o a quienes recordamos, estarán siempre ahí, y que ya habrá tiempo de pedir perdón, o de cesar en nuestros berrinches. Pero una tarde de julio te das cuenta de que las cuentas pendientes hay que dejarlas a cero a la mayor brevedad posible, a riesgo de que un golpe en una traviesa, una enfermedad súbita o cualquier otro azar conviertan ese deseo en algo inútil e imposible de realizar, para siempre.

Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. Por circunstancias, servidor que les escribe es alguien a quien le cuesta un horror dejar marchar a personas de su vida. O que, tal vez, no lo haga nunca, porque siempre hay un recuerdo para esas personas y una posibilidad. Pero cuando ves, en una televisión, de forma aséptica, el dolor inhumano de aquellos que ya no podrán jamás decir “lo siento” o abrazar a sus seres queridos te das cuenta de que las barreras y las separaciones son algo tan fútil como el orgullo o la vanidad. Y reconoces que tal vez, cotidianamente, no haces lo suficiente como para que nunca llegue el día en que tengas que llorar o te tengan que llorar dentro de un cajón de madera con las palabras atragantadas dentro y mudas para siempre.

Los muertos no volverán jamás, pero si hay algo que verdaderamente me ha conmovido, hasta esas lágrimas que ya hace mucho tiempo no pueden salir de mis ojos, han sido dos hechos: la enorme marea humana de solidaridad y esas pequeñas historias personales de los supervivientes que nos hacen comprender lo que verdaderamente importa de la vida.

No hay palabras para expresar lo realizado por los vecinos de la pedanía Compostelana de Angrois. Detrás de cada uno de ellos se esconde un héroe anónimo, una persona con un corazón maravilloso. Una señora mayor besando a un herido y diciéndole “cariño, que no pasa nada, que no tienes nada”, y respondiéndole él que “no la olvidará jamás”. Lógico… Un chaval de apenas 15 años que tiene las santas narices de meterse dentro de un vagón de tren a buscar supervivientes, rodeado de un averno más espantoso que el que pudiera haber retratado Bosco alguno en la Historia del Arte. Vecinos vaciando sus casas para dar sepultura provisional a los muertos y calor a los heridos, para dar de comer a los voluntarios, para improvisar camillas,… Muy fuerte.

No hay premio que pueda recompensar a esta gente, pero ojalá se acuerden de ellos para el Príncipe de Asturias. Desde aquí queda escrito.

No se acaba esa marea humana en Angrois. Cientos, miles de voluntarios dejaron sus vacaciones o tiempo de descanso para echar una mano. Hoteleros que cedieron camas gratis para familiares. Las miles de personas que acudieron en masa para donar su sangre y que a los heridos no les pudiera faltar nada,… en fin.

Uno se reconcilia con el género humano con sucesos como éste. Porque se da cuenta de que nos convierten en masa con fines nada esclarecidos, pero que cuando llega la hora de la verdad todos, hasta los más fríos, sacamos a relucir ese corazón con el cual deberíamos guiar (casi) todos nuestros actos vitales. Que si nos lo creyésemos un poco más y confiásemos más en ese instinto este mundo sería un lugar mejor para vivir. El ejemplo de todas estas personas, de la primera a la última, a mí me ha conmovido hasta los cimientos, y ha dejado una huella que espero dé sus frutos en los próximos tiempos. Imagino que como a muchas personas, incluso a algunas que me leéis.

También una profunda piedad por el maquinista, que no es verdugo, sino víctima de esta desgracia, y a quien ya se están empezando a encargar algunos de linchar para tapar eventuales responsabilidades. Si todos fuésemos capaces de ponernos en la piel de ese hombre creo que no nos atreveríamos a juzgarlo.

Termino estas líneas con otro de los gestos que no olvidaré nunca. El del niño superviviente de la tragedia a quien dos personas desconocidas regalaron un pequeño dinosario. Él ya ha recuperado el suyo, pero ese gesto aparentemente tan simple esconde una bondad y una humanidad enormes.

Ese niño sonriendo abrazado a un muñequito es la indicación de que la Vida sigue. A mí me ha hecho llorar.

Y eso es decir ya mucho.

In mémoriam por todas las víctimas del Accidente, y con el abrazo para todos sus seres queridos.

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